La adaptación escolar: ¿cómo podemos facilitarla y acompañarla?

Este será un curso atípico, desde el comienzo hasta el final probablemente. Cada año por estas fechas se habla mucho de la adaptación de los pequeños a las guarderías y las escuelas (que si en unos sitios se hace poco a poco, que si en otros de golpe, que si en P3 le dejan llevar pañal, que si no, que si es bueno dejarlos en la guardería desde muy pequeños que deben espabilar, que si lo mejor es quedarse en casa …) pero este año el debate está situado en la seguridad que puede haber para los pequeños dentro de la guardería y las escuelas.

Sé a ciencia cierta que se están haciendo esfuerzos titánicos para adecuar y adaptar espacios, horarios, actividades, grupos….

Pero este post es para recordar la necesidad de entender más que nunca qué siente y cómo vive un bebé o un niño o niña pequeña la entrada a la guardería o la escuela por primera vez, como podemos acompañarlos y cómo podemos actuar y qué tener en cuenta cuando os reencontréis a la salida de la escuela o la guardería.

adaptació llar d'infants escola maternart Terrasssa psicologia perinatal

¿Qué necesita un niño?

El ser humano es el mamífero que nace más dependiente e inmaduro. Sólo puede respirar por sí mismo y llorar para pedir protección, calor y alimento. El alimento lo recibe del pecho de la madre, el calor también mientras es amamantado y mientras es llevado en brazos. Tener alimento y calor le harán sentirse seguro y querido. Según Nils Bergman, «lo peor que le puede pasar a un bebé es que lo separen de la madre» ya que «el cuerpo de la madre es su hábitat natural».

Así, lo que necesita un bebé o un niño o niña pequeña es alimento, contacto y sentirse seguro. A medida que va madurando, establece relaciones vinculares de apego seguro con la madre, el padre, hermanos y otros miembros de la familia que cuidan de él o ella y le proporcionan todo lo que necesita.

¿Cómo afecta la separación al el vínculo de apego?

Es evidente que la separación que se produce en la adaptación, cuando dejamos a una niña o niño en la guardería o la escuela por primera vez, es una fuente de estrés y provoca un impacto emocional, en menor o mayor medida según cómo se produzca y cómo se acompañe.

En unos cuantos posts ya he hablado del vínculo de apego seguro, qué es y cómo fomentarlo. Así que aquí me limito a recordar que:

  • Lo más importante consiste en entender que un ser humano desde su nacimiento necesita desarrollar una relación cercana y cálida con el menos un cuidador principal para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad.
  • Según John Bowlby (1951), que formuló la teoría del apego, «el recién nacido y el niño han de experimentar una relación continua, íntima y cálida, con la madre (o figura sustituta permanente) en el que ambos puedan encontrar tanto satisfacción como placer». Los conceptos de PLACER y SATISFACCIÓN son claves: no basta con tener cubiertas las necesidades básicas (comida, calor y seguridad) sino que hay que sentirse querido para desarrollar un vínculo positivo.
  • El establecimiento de este primer vínculo fundamenta la seguridad emocional del niño pero también firma la futura seguridad del adulto, por tanto demarca la dinámica a largo plazo de las relaciones entre las personas.
  • La conducta de vínculo es una estrategia evolutiva humana de supervivencia, y por lo tanto es una necesidad vital, como comer o dormir. Los niños se vinculan instintivamente con quien los cuida y se muestra sensible y receptivo a sus interacciones, con el fin de sobrevivir.

Así pues, las conductas de llanto y enojo en el contexto de separación de las principales figuras de vínculo se entienden como naturales y lógicas. Es lo que podemos esperar durante la adaptación. La ansiedad por separación o el dolor después de la separación o pérdida de una figura de apego se consideran respuestas normales y adaptativas de un niño o niña vinculados. Son conductas destinadas a poner en marcha el sistema vincular del adulto y que no se vaya. Por eso, cuando finalmente nos vamos, lo hacemos con angustia, con pena y con culpabilidad… Por eso y porque queremos a nuestros hijos, no queremos que sufran y sabemos que hay algo de injusto en esta separación.

Quizás se da que no llore el primer día, ni el segundo, ni el tercero… pero más adelante verá que esto de quedarse en un lugar ajeno es habitual y seguramente mostrará su desacuerdo de forma contundente. De hecho, la experiencia de vernos marchar, de no estar, puede ser muy angustiante para ellos, porque su instinto les dice que la experiencia de «no-madre» o «no-padre» es sinónimo de peligro y desamparo.

No tienen conciencia del tiempo, y por lo tanto no saben qué significa que volverás en un rato, en 5 minutos o en 6 horas. Tú sabes que está en un entorno seguro, sin embargo ellos no lo saben. Lo van aprendiendo con el paso de los días y con el vínculo que hacen con las maestras o cuidadores, pero el trance de la separación se debe comprender y se debe acompañar apropiadamente. Ni es «mamitis», ni son unos mimados.

Debo puntualizar que si el niño o niña no se queja cuando se le deja con extraños y / o muestra una respuesta desorganizada cuando los familiares lo vienen buscar, podría ser que su sistema vincular no funcione adecuadamente y habría que poner remedio cuanto antes. Si se adapta con facilidad y tampoco notáis ningún cambio en su comportamiento habitual, no debe preocuparse.

¿Cómo acompañar la adaptación?

Seguramente no podremos evitar el mal trago, pero como mínimo lo podremos suavizar:

  • Facilitando que conozca los espacios lo antes posible, pero de forma paulatina. Quizás anticiparle con visitas al espacio un tiempo antes (ahora poco probable), con fotos o vídeos que se encuentra en internet sobre la guardería o la escuela…
  • Mientras estés en el aula (si las normas de seguridad lo permiten), facilitando la vinculación con la maestra o educadora, pero dejando que vuelva a vosotros si lo necesita. Si no puedes entrar, muestra confianza hacia las educadoras y maestras y comunícate con ellas tanto como sea conveniente para facilitar la adaptación. Los niños tienden a confiar en aquellas personas en las que los grandes confiamos.
  • Comprendiendo y acompañando las explosiones de rabia y enojo que se dan en el momento de la separación, pero también al reencontraros: deben expresar su desacuerdo de alguna manera, si así lo sienten.
  • Verbalizando al niño o niña que llora que lo queremos, que sabemos que está enfadado porque nos vamos, pero que volveremos a la hora de comer, después de la merienda… esto último les puede servir de referencia temporal respecto a sus actividades. Podemos repetirlo varias veces, pero tampoco conviene alargar en exceso la despedida.
  • Nunca engañarle y desaparecer cuando no se da cuenta, así se sentirá engañado y nacerá la desconfianza, lo que favorece un vínculo evitativo en la criatura. Es más adecuado decirle que ya es momento de marcharse, que ella o él se lo pasarán muy bien y darle la oportunidad de poder decir adiós.
  • Hay que tener muy presente que los niños y niñas pequeñas reflejan nuestras emociones; es decir que ante la incertidumbre de lo que ocurre a su alrededor, hacen de espejo de las emociones de los adultos de referencia pero amplificado, o si se prefiere sin filtros. Esto quiere decir que si nos ven nerviosos o angustiados, ellos también lo estarán y lo expresarán en concordancia con su edad. Y esto, con las circunstancias de este año es mucho más importante tener en cuenta. Por lo tanto, hay que evitar mostrar una inquietud exagerada (cierta desazón es inevitable) ante la circunstancia de que nuestra hija o hijo empiece la guardería o la escuela.

¿Cómo podemos compensar la separación?

Estos consejos o pautas son válidas tanto para la adaptación escolar como en otros momentos en que nos tenemos que separar por el motivo que sea.

Si no les compensamos de alguna manera, pueden recibir el mensaje de que sus sentimientos no son válidos y que no merecen espacio para ser expresados. Entonces, los niños pueden reaccionar aumentando las conductas destinadas a llamar nuestra atención, ya sea de forma positiva o negativa. Es cuando podemos caer en aquella rueda peligrosa del «lo hace para llamar la atención, y por eso no le haré caso» y el niño reacciona aún peor… Debemos valorar muy bien a qué prestamos atención y a que no, porque pueden tener motivos de peso para reclamar atención y no se merecen que le negamos.

Así, cómo podemos compensar la separación?

  • Recibiendo a la niña o el niño con un abrazo y besos y olvidando las prisas por un rato, es decir, proporcionar tiempo para el reencuentro.
  • Preguntando a la educadora o maestra como ha ido el día y felicitando a la niña o el niño por lo bien le ha ido.
  • Permitiendo que quiera mantener por un rato el contacto físico con nosotros. Si son bebés, es posible que sólo quieran engancharse al pecho, aunque no tengan hambre, para hacer más intensa la vivencia de fusión física y emocional, que tanto han echado de menos. Los niños y niñas que toman pecho pueden aumentar la demanda de forma muy notable, también de noche, no tanto por hambre sino para compensar la falta de contacto durante la ausencia. Es normal y comprensible.
  • Hablando en casa de la escuela, preguntando qué han hecho, con quien han jugado, a que han jugado, que os enseñe la canción que ha aprendido, verbalizando que mañana volverá… de manera que sea un tema cotidiano y normal que le interesa.
  • Permitiendo, si no es habitual, el colecho como forma de demostrar amor y favorecer el contacto físico.
  • Del mismo modo, hacer piel con piel, sobre todo cuando son bebés, ayuda mucho a restablecer el vínculo, que se ha visto interrumpido por la separación.
  • Entendiendo que se pueden dar episodios de «regresión» a etapas evolutivas anteriores, y dejen de controlar esfínteres durante una temporada si ya lo hacían, por ejemplo.
  • Reservar un rato para jugar con ella o él a lo que quiera de forma activa y participativa.
  • Hacer caricias, cosquillas, bromas, besos, abrazos… sin límite y verbalizar que los hemos echado de menos y que los queremos mucho, mucho. Seguramente estaremos poniendo palabras en sus sentimientos, o por lo menos, serán caricias para sus almas.
  • No es aconsejable compensarlos con regalos materiales ni distraerlos con pantallas cuando lloran reclamando contacto, con estas medidas sólo alargaremos el problema y crearíamos otros nuevos (como aprender que el malestar emocional se alivia consumiendo novedades o con estímulos audiovisuales infinitos…)

Quizá en tu caso tu hija o hijo no necesita estas medidas en su adaptación a la escuela o guardería. Pero en todo caso, como se ha visto son medidas razonables que no hacen ningún daño pero sí pueden ayudar mucho los pequeños y pequeñas. Todo depende de la edad de la criatura y de sus necesidades; es decir, no hay que obligarle a hacer colecho si nunca lo ha hecho, pero si lo pide es que lo necesita. Ya tendrá tiempo de volver a la normalidad cuando se haya adaptado a la nueva situación. Más vale pasarse con las muestras de aprecio y ir buscando el equilibrio, que quedarnos cortos.

Un deseo para el futuro (cuando la Covid 19 sea ​​un recuerdo…)

Para terminar, me gustaría que en un futuro las guarderías evolucionen a espacios donde las madres o los padres que deciden criar en casa a sus criaturas puedan entrar y quedarse con sus hijos todo el tiempo que quieran, de forma que puedan aprender de las educadoras y el espacio sea una fuente de estímulos tanto para las criaturas como para sus familias, y la adaptación no sea una etapa diferenciada sino un continuum.

Esto sería ideal para los niños madrugadores y para los que se levantan tarde, para los que desayunan poco o los que desayunan lento, para el que necesita más movimiento y espacio y para el que quiere más brazos,… para el mantenimiento de la lactancia sería genial y también, y muy importante, para evitar la soledad de la maternidad y favorecer la creación de grupos y "tribus" que se apoyen y se acompañen de forma recíproca. No olvidemos que las madres y padres también sufren una adaptación que debería ser acompañada.

También me gustaría que la política y la legislación reconocieran las necesidades de los niños y niñas pequeñas y las de sus padres y las pusiera en el centro, de manera que no haga falta que las madres y padres se cojan días de vacaciones para poder acompañar a los niños en la adaptación de las guarderías o escuelas, o cuando se enferman. Los niños quieren ser cuidados por sus familias y las familias quieren ser los que cuiden de sus hijos. Es la base de nuestra sociedad y habría que reconocer como merece esta tarea.

En los momentos difíciles de nuestra vida lo que queremos es sentirnos acompañados y apoyados por aquellos que más queremos, nuestras figuras de vínculo de apego seguro, ya tengamos 6 meses o 40 años. Para los pequeños que empiezan la guardería o la escuela, este momento es difícil y trascendental y lo quieren vivir acompañados de quien más aman. Y las madres y padres queremos estar para acompañarlos como merecen.

Si quieres que hablemos de estos y otros temas relacionados con la maternidad y la crianza, ¡únete a nuestro grupo de niños!

Si tienes dudas, preguntas,… te invito a dejarlas en comentarios.

Comparte en las Redes Sociales:

Dejar un comentario