Y tú, ¿cómo llevas la adaptación?

Volvemos con el tema, muy actual estos días, de la adaptación escolar pero ahora desde una vertiente diferente: ¿cómo llevamos las madres (y los padres) esta adaptación?

Twitter va a tope estos días. Se encuentran comentarios de todo tipo respecto a lo que es mejor para los niños, pero también hay otros tweets y posts en redes sociales que hacen referencia a la vivencia que tenemos los padres, sobre todo las madres, en cuanto a la adaptación a las escuelas.

Algunos comentarios hablan de culpabilidad por tener que separarnos, de la angustia que se siente al verlos llorar desconsoladamente, de descanso y alivio porque maternar también puede ser agotador, de vueltas a el trabajo no muy deseadas, de la injusticia de tener que pedirse días de vacaciones para poder acompañar a los hijos pequeños a la adaptación, de sentimientos contradictorios…

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En el post anterior tienes consejos para acompañar adecuadamente la adaptación escolar de tus hijos que a ti personalmente también te serán de utilidad; tú también tienes que hacer un proceso y por lo tanto, debes darte el tiempo, permitirte sentir unas emociones y sentimientos concretos y realizar acciones encaminadas a disminuir la angustia y el malestar que nos genera.

Este malestar puede ser debido a que nuestras expectativas, deseos, necesidades y obligaciones entran en contradicción. Aquí podemos añadir también nuestros diversos roles que pueden contribuir a crear un estado de ambivalencia que desemboque en angustia y desconcierto.

Si habéis decidido llevar sus hijas o hijos a la guardería es por un motivo, seguramente de peso. Y pienso que la decisión de llevar a los niños a la guardería responde a diversas motivaciones que pueden ser de naturaleza muy diferente en función de cómo se vive la maternidad, de cómo entendemos que debe ser la vida del pequeño y de nuestras obligaciones y necesidades.


Por eso, poniendo el foco en las madres, te pregunto: ¿tú cómo llevas la adaptación?

Después de nuestra experiencia personal, mi conclusión es que no hay una respuesta única mejor, ni siquiera perfecta, sino que cada uno debe construir la suya en función de su situación, emociones, necesidades y obligaciones. La elección entre llevar o no a la guardería debe surgir del equilibrio entre lo que te dice el corazón, las necesidades del niño y lo que os sea más práctico.

No me malinterpretéis, soy partidaria de que los niños estén con los padres el tiempo que necesiten, que se respeten sus tiempos en cuanto a ritmos de sueño, de control de esfínteres, con la comida… Pero también sabemos que el mundo en que vivimos no respeta tanto todos estos ritmos, empezando por la escasa baja de maternidad que padecemos en este país o por nuestros horarios laborales que dejan mucho que desear en cuanto a conciliación familiar…


Pero mientras arreglamos el mundo, los niños crecen y nosotros tenemos que volver a la trabajo… ¿Qué hacemos?

Empecemos por perdonarnos y entender nuestra propia situación.

No me canso de repetir, citando a Ibone Olza, que no estamos hechas para criar en soledad. Dicho esto, ¿cómo puede gestionar la crianza en casa una madre que se pasa sola todo el día con uno, dos o tres criaturas hasta que regresa su pareja (si la hay), que, después de un día de exigencias adultas, debe hacer el relevo a una madre exhausta?…

Si una familia no tiene más apoyo que la guardería, o no quiere abusar del tiempo de los abuelos, quizás es una buena opción llevar a los niños y niñas a la guardería, al menos media jornada… Los niños salen de su entorno, reciben otros estímulos (ni mejores, ni peores, sino diferentes), encuentran otros niños con los que jugar, otros referentes que nunca nunca sustituirán a la madre o el padre pero que también los enriquecerán… Y la madre puede volver a trabajar o encontrar un rato de descanso que le permita recargar pilas un rato.

Por otra parte, no hay prisa en pisar la guardería si tu eres la mar de feliz teniéndola en casa contigo, no tienes ganas de hacer nada diferente que disfrutar a diario de la crianza y tu hija o hijo tiene sus propios ritmos y los quieres respetar,… y quieres que disfrute de esta etapa de la vida que pasa tan y tan rápido, entonces no hagas caso de aquellos que te dicen que debe ganar autonomía, o que hay que ordenar sus horarios. Si a ti te hace disfrutar y él o ella también disfruta, ¿quién más debe opinar? Tiene todo el tiempo del mundo por delante para tener horarios, aprender a ser autónoma, tener amigos… Antes no significa mejor, todo requiere su tiempo.

Bien diferente es cuando tú deseas estar en casa con los hijos durante sus primeros años de vida pero tu situación económica o laboral no te lo permite. Entonces es cuando tienes que tomar decisiones a regañadientes. Entonces es cuando ves madres que vuelven al trabajo llorando después del microscópico permiso de maternidad, sin facilidades para mantener la lactancia, añado.

La otra cara de la moneda es la madre que desea volver al trabajo para tomar distancia del mundo infantil, porque siente que toda su vida e identidad gira en torno a la maternidad cuando ella es mucho más que una madre. Ama a sus hijos pero no quiere quedarse en casa con ellos todo el día sola buscando cómo hacer que su infancia sea mágica. En cambio, recibe muchos inputs respecto lo que significa ser una «buena madre» que entran en contradicción con todo esto que le dice el corazón. Quiere recuperar el resto de su identidad y por eso necesita dejar a los niños en la guardería unas horas.

Després poden haver un munt de dones que es debaten entre un model i l’altre o altres que no s’ho qüestionen.


Sea como sea, eres una madre «suficientemente buena»

A las que se decantan más por un modelo de estar en casa les diré que es admirable, ya que requiere de mucha paciencia, mucho esfuerzo y poner en juego muchos recursos propios. Que también tienen derecho a cansarse y a pedir relevos y que también deben cuidar de sí mismas. Que están haciendo la tarea más importante de su vida, y son tan productivas como las personas que tenemos un trabajo remunerado.

A las que se inclinan más por la vuelta al trabajo, les diría que no se sientan culpables, que disfruten de sus otros roles pero que no olviden que los niños las necesitan contentas y con energía cuando vuelvan con ellos porque les pedirán que compensen el tiempo que no han estado con ellos.

Por eso, como decía al principio, hay que hacer una elección que equilibre lo que quieres, lo que necesita el niño o niña y lo que en vuestra situación es posible. Hecha así, poniendo de acuerdo nuestros roles y las necesidades de todos, la decisión no debería dejar lugar a la culpabilidad. Esta asoma justo cuando tus diferentes roles y tus creencias no encuentran puntos de acuerdo.

Y recuerda que si tú estás bien, tus hijos también lo estarán. Que no necesitan madres perfectas, sino como dijo Donald. W. Winnicott una madre «suficientemente buena».


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