La pérdida gestacional y el duelo: qué esperar cuando ya no se espera…


He conocido mujeres valientes que han tenido varias pérdidas gestacionales y no han perdido nunca la esperanza…

He conocido mujeres valientes que tras pérdidas repetidas decidieron no continuar…

He conocido mujeres valientes que han decidido tomar las pastillas y hacer el proceso a casa…

He conocido mujeres valientes que han dedicido pasar por legrado porque necesitaban pasar página rápido…

He conocido mujeres valientes que no querían tirar un globo al aire en señal del recuerdo del hijo que se marchó antes de tiempo…

He conocido mujeres valientes a las que la experiencia de la pérdida las cambió tanto que ahora se dedican a acompañar otras mujeres en esta vivencia…

He conocido mujeres valientes que han decidido hacer el proceso en casa de forma natural…

He conocido mujeres valientes que se han enfrentado con médicos que no sabían nada del proceso emocional más allá de los mecanismos médicos, y les han demostrado que se pueden hacer las cosas de otro modo, empoderándose así para siempre…

He conocido mujeres valientes que han aprendido a hablar con naturalidad del hijo que perdieron, dándole así un espacio de realidad y respeto…

He conocido muchas mujeres muy valientes.

Todas estas mujeres no hubieran querido que ser valientes. Todas estas mujeres forman o han formado parte de mi entorno. Todas estas formas de afrontar la pérdida son válidas, ya que responden a una forma de entender la vida y la muerte que depende directamente del bagaje de cada una de ellas. A muchas de ellas la pérdida las ha transformado de una manera u otra.

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¿Cuántas mujeres conoces tú que hayan pasado por esta experiencia?

Quizás tú misma lo has vivido…

Perder una hija o un hijo es seguramente de las peores experiencias que nos pueden pasar a la vida. Deja una herida que cuesta cerrar o, según el caso, no cerrar del todo. El duelo con el paso del tiempo se convierte en sabiduría y es un regalo que sólo se valora con el tiempo.

Este artículo sólo es una aproximación al tema en el intento de contribuir a la visiblilització de estas pérdidas y duelos desde el reconocimiento y el respeto.


El entorno social y la pérdida perinatal

Cuando la pérdida sucede en las primeras semanas de embarazo suele ser un duelo muy silenciado. Las madres y padres lo transitan en intimidad porque no se acostumbra a validar socialmente esta pérdida. Pueden oír frases como «eres joven, tendrás otros», «Mejor ahora, que no más adelante cuando lo amaras más », «No te preocupes, esto sucede a menudo » o «Todavía no era persona», incluso del propio personal sanitario que da la noticia o atiende en el proceso médico. Todas dichas con las mejores intenciones pero todas ellas hirientes. No se tiene en cuenta que probablemente este padres ya estimaban su hijo o hija, ya habían creado un vínculo, lo consideraban un hijo y por lo tanto una persona. Con su muerte, mueren también todas las ilusiones y esperanzas que habían depositado y también muere la inocencia de los padres.

A veces pueden ser los propios padres que digan estas frases porque niegan su luto, no quieren que nadie sienta lástima por ellos, invalidando sus propios sentimientos. El duelo es un proceso que atraviesa varias etapas que no son lineales: se puede ir adelante o atrás pero se tienen que ir transitando. Hay que tener cuidado porque un duelo no elaborado reaparecerá en otros momentos de crisis vital con más fuerza.

Nuestra sociedad en general no está acostumbrada a hablar de la muerte, mucho menos si se trata de la muerte en el embarazo o de un bebé. Tendemos a hacer ver que no pasa nada, y continuamos con nuestra vida como si nada. Se exige a los padres que vuelvan a ser los mismos de siempre y no se respetan los ritmos individuales de transición del duelo.

Cuando la pérdida se produce con el embarazo avanzado, también se pueden escuchar frases tan dolorosas como las que comentaba más arriba, pero además en un contexto donde ya había una barriga prominente, lo normal es que la gente te pregunte por tu bebé. Si ya es traumático tener que enfrentarse con el nacimiento de una hija o hijo sin vida, puede ser retraumatizante tener que enfrentarse al poco tacto de un entorno socialque no puede digerir el dolor ante la muerte de un bebé. Nos resulta incomprensible encontró muerto donde debería haber vida y esto provoca rechazo. Con esto no quiero decir que no tengamos que decir nada a la pareja, sino que hay que pensar bien qué se dice teniendo en cuenta lo que se diría a alguien que ha perdido un hijo, sin intentar minimizar el dolor del otro.

Quizás con un «lo siento mucho» hay suficiente y si no sabemos qué más decir, mejor no decir nada más. A menudo las parejas que han perdido una criatura en el vientre sienten mucha soledad a su alrededor: gente que hace como si nada, gente que los evita por la calle, que no les llama para decirles que lo sienten mucho… No hay que hacer preguntas, sólo esperar y respetar tanto la necesidad de hablar de ello como la necesidad de hacer silencio. Es importante que el entorno de la familia que ha perdido un bebé encuentre elequilibrio entre dejar el espacio para vivir el duelo y evitar un aislamiento contraproducente.


La atención sanitaria y el duelo perinatal

Como se explica en el libro «Las voces olvidadas», ante la noticia de la muerte del bebé muchas mujeres piden que «se lo saquen del cuerpo». En medio del shock emocional que sienten es difícil recordar que se trata de nuestro bebé estimado. Como decía, cada uno tiene derecho a enfrentarse con la muerte como puede y quiere y así es como se pone en evidencia que la muerte es un tabú, y la muerte de un bebé mucho más. Es el fruto de una sociedad negadora que tiene pendiente esta asignatura, entre otras.

En este contexto, hay profesionales sanitarios que piden a los padres que tomen muchas decisiones muy dolorosas con prisa, cuando en realidad ya no hay prisa. No somos capaces de tomar decisiones cuando estamos en shock, así que es mejor tomarse un tiempo para digerir un poco la noticia, para poder despedirnos, para pensar en todas las preguntas que tenemos, que nos den respuestas, opciones y tiempo para tomar decisiones de forma más consciente.

Algunos centros hospitalarios están creando sus protocolos para atender estos casos con la delicadeza y el tacto que merecen. Es necesario que el personal sanitario se forme adecuadamente y respete los sentimientos y emociones de la familia que recibe esta dura noticia para evitar que el trauma sea mayor y facilitar el inicio de un duelo sano.

Quiero destacar aquí que el duelo es un proceso natural cuando perdemos un ser querido y por lo tanto se debe evitar de tratarlo como si fuera una patología «per se». Estar triste, dormir poco, no tener hambre, llorar, hablar… son respuestas normales y esperables en esta situación. Hay que cuidar a las personas que atraviesan el duelo y eso significa acompañarlos y respetar sus cambiantes necesidades, sin embargo no es bueno forzar a nada y mucho menos si eso implica empujarlos, con la mejor de las intenciones, a que vuelvan a su vida "normal" sin que estén preparados. Negar el duelo puede hacer precisamente que este se vuelva patológico.

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El parto y el posparto

La madre debe enfrentarse a un parto que es doblemente doloroso por razones evidentes: el dolor físico del parto y el dolor emocional por la pérdida. En el libro antes mencionado, «Las voces olvidadas» se puede encontrar con detalle información sobre las diversas opciones tanto en cuanto al manejo activo como al manejo expectante.

Después, en el posparto (también existe cuando hay una pérdida gestacional), la madre deberá enfrentar los cambios hormonales propios de la etapa sin un bebé. Así es normal que no pueda hacer «vida normal» como a menudo se indica. Salir a la calle y ver otras mujeres embarazadas, otros bebés… resulta demasiado duro para un estado emocional en proceso de duelo y unas hormonas con «Crea el sistema».

Por otra parte, hay que tener en cuenta que, en función de las semanas de gestación en que se produce la pérdida, puede que haya subida de la leche. Este hecho también sucede en caso de pérdida gestacional porque hay un parte. Al separarse la placenta del útero se pone en marcha el mecanismo de producción de leche. Habrá asumir este hecho teniendo en cuenta las posibilidades, los pros y contras y la manera en que se quiere vivir el proceso de duelo. Desde aquí sólo podemos indicar que hay alternativas naturales a las pastillas que cortan la leche. Se puede extraer la leche justa para aliviar la subida pero no más para no estimular la producción, de manera que paulatinamente vaya produciéndose menos. Es un proceso más lento pero puede servir para despedirse poco a poco del hijo amado. También se puede estudiar la posibilidad de dar esta leche al banco de leche para que sirva para niños hospitalizados que no pueden ser amamantados por su madre por el motivo que sea… Puede ser un bonito regalo.


El padre también sufre la pérdida y transita su duelo

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A menudo nos centramos en la madre y su proceso de duelo porque su cuerpo es el escenario donde sucede todo, sin embargo también hay un padre que ha perdido a su hijo o hija, de lo que socialmente se espera que sufra menos por el hecho de ser hombre. Tenemos asumido que los padres no se vinculan con los hijos hasta que no han nacido y es un error generalizar. Los padres tienen un papel muy importante de apoyo a la madre pero ellos también sufren mucho: sufren por su pareja, por el bebé que han perdido y por su propio duelo. A menudo vuelven al trabajo antes y deben enfrentarse con los comentarios haciendo ver que no pasa nada (cuando ha pasado de todo y todo ha sido muy impactante). Validar su dolor también es importante y necesario que tengan también un espacio y un tiempo para elaborar su duelo.

Este tiempo puede ser diferente al de la madre, y vivir el proceso desde perspectivas diferentes. Es importante tener esto en cuenta porque se pueden dar sentimientos de incomprensión hacia la pareja. Hay que aceptar que cada uno transita el duelo a su manera, siempre y cuando haya espacios para compartir sentimientos y emociones y nos podamos comprender. Es importante hablar lo que cada uno necesite y llorar juntos si es lo que necesitamos… Si no es así, si no hay comunicación entre la pareja, se puede dar un distanciamiento entre ellos que empeore el proceso de duelo y aumente la sensación de soledad de cada uno.

Hay que cuidarse individualmente y el uno al otro: una alimentación ligera, intentar dormir todo lo que el cuerpo pida, pasear, rodearse de gente que nos respete, que nos dé el sol, marchar si se puede unos días fuera a un lugar tranquilo… para con calma y con tiempo.


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