Exogestación: sincronía madre-bebé, separación y compensación (Parte II)

En el post anterior os hablaba del concepto de’exogestación y como ésta asegura una continuación de los estímulos que el bebé recibía en el vientre materno una vez ha nacido, facilitándole la adaptación al medio aéreo de una forma paulatina y respetuosa con su desarrollo.

La’exogestación también conlleva otras ventajas para el bebé y la madre como la creación de una sincronía entre ellos. Esta sincronía, el vínculo afectivo y la lactancia materna son mecanismos propios de la exogestación orientados a proteger al bebé y favorecer su óptimo desarrollo.

En este post hablaremos de sincronía entre la madre y el bebé, pero también hablaremos de lo que ocurre cuando están separados y como compensar esta separación cuando se da forzosamente.

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Lo que pasa en brazos…

En primer lugar, cuando el bebé es sostenido en contacto con el cuerpo de la madre, recibe una gran cantidad de estímulos, imposibles de ser captados desde un cochecito o una hamaca, lo que le da grandes oportunidades de desarrollo cognitivo:

  • visión: el recién nacido no tiene muy desarrollada la visión pero aún así ve perfectamente el pezón y el rostro humano sonriente de la madre o de la persona que lo sostiene, de manera que se retroalimenta el circuito de la oxitocina. Cuando tienen algunos meses y su visión madura, pueden ver muchas más cosas desde la altura de la madre que desde el cochecito.
  • Oído: el corazón de la madre no puede sentirse más que cuando es llevado en brazos o cuando es amamantado, y ese sonido tan especial y único le calma porque es el sonido de su casa.
  • Olfato: El recién nacido reconoce el olor del líquido amniótico de su madre, olor que conserva la leche materna las primeras semanas.
  • Gusto: prefiere la leche materna con todos sus matices, que dependen de la que come la madre.
  • Tacto: prefiere el contacto con el cuerpo y la piel de la madre y también del padre. En brazos también puede percibir diferentes texturas y presiones sobre su cuerpo.

¿No es sorprendente?

Por eso, olvida todos aquellos consejos que te hayan dicho acerca de que los niños se acostumbran a los brazos. No se acostumbran a los brazos, vienen ya «programados» genéticamente para preferir los brazos y tienen unas buenas razones.


La sincronía madre-bebé

La sincronía madre-bebé hace referencia a la conducta de respuesta de la madre hacia las necesidades que detecta en el bebé. El bebé no tiene un papel pasivo, que come y duerme y basta, sino que hace muchas cosas para activar las conductas de vinculación con la madre como mirarla, tocarla, gemir, llorar, agitarse… Con todas ellas el bebé humano se comunica pidiendo algo.

En la relación cercana y constante, la madre desarrolla estrategias para cubrir estas necesidades de manera que aprende a anticiparse y entender este lenguaje arcaico de su bebé.

Se ha observado que las madres sincronizadas responden al bebé con la activación de los circuitos de recompensa, segregando dopamina que es el neurotransmisor relacionado con la adicción. Este circuito retroalimenta otra hormona relacionada con el vínculo y la lactancia, la oxitocina. Por lo tanto, cuanto más sincronizados están madre y bebé, las madres se vuelven más receptivas y atentas a las señales del bebé, por lo que el vínculo entre ellos se hace más fuerte. Así, se produce entre la díada madre-bebé una dependencia física y emocional sana y necesaria para ambos.

Ansifeld et al. (1990) hicieron un estudio diseñado para probar la hipótesis de que el aumento del contacto físico sería capaz de promover una mayor capacidad de respuesta materna y un mejor vínculo entre la madre y el bebé. Para probar su hipótesis entregaron portabebés a un grupo de madres (mayor contacto físico), mientras que las madres del grupo control recibieron un cochecito (menor contacto físico).

Los resultados demostraron que las madres del grupo experimental respondieron más y de forma más sensible que las madres del grupo control a las vocalizaciones de sus bebés. Además encontraron que el grupo experimental mostraba de manera significativa más conductos de vínculo de apego seguro que los niños del grupo control.


La fusión emocional

¿Cómo soporta la madre esta dependencia extrema?

Gracias al estado de fusión emocional que vive con el bebé en el puerperio. Según dice el obstetra francés Michel Odent, «implicarse en la responsabilidad íntima de amar es crucial para el desarrollo óptimo del bebé». La labilidad emocional típica del posparto es la base sobre la que se establecerá el vínculo madre-hijo y tiene una base neurohormonal, por tanto no es un trastorno.

Se desarrolla un estado de sensibilidad materna, caracterizado por:

  • reactividad emocional aumentada
  • atención centrada en el bebé
  • interpretación adecuada de sus señales y necesidades (sincronizar)

¿Te suena?

La hiperreactividad y sensibilidad emocional en este periodo posibilita que la madre se ponga en la piel del bebé y se dé la vinculación madre-hijo.


EN RESUMEN, tener a los bebés en brazos:

  • contribuye a su desarrollo cognitivo y emocional
  • facilita la vinculación afectiva con los adultos que lo cuidan
  • contribuye a la sincronización madre-bebé
  • facilita la conducta materna y paterna orientada a su cuidado
  • mantiene los niveles hormonales de la madre, lo que afecta directamente en su estado anímico
  • facilita el establecimiento y el mantenimiento de la lactancia materna
  • protege el cerebro del bebé del exceso de cortisol

¿Y qué pasa si están separados?

Cuando hablamos aquí de separación entre la madre y el bebé no nos referimos a minutos (puedes ir tranquila a ducharte, a dar una vuelta, a tomar un café…), pero hay que tener en cuenta que el bebé no tiene conciencia del tiempo, sólo de seguridad y peligro, y por tanto ante la separación pondrá en marcha sus estrategias instintivas de supervivencia.

Si hablamos de una separación sostenida en el tiempo, lo que pasa es que las estrategias de vinculación ya no le resultan eficaces y entran en funcionamiento otros mecanismos. Según Nils Bergman, la separación prolongada:

  • activa de forma intensa y prolongada los sistemas de gestión del estrés corporales en ausencia de una mediación de protección del apoyo de un adulto.
  • perturba la arquitectura del cerebro y conlleva sistemas de gestión del estrés que responden a umbrales relativamente bajos, por lo que se aumenta el riesgo de enfermedades mentales o físicas relacionadas con el estrés.

Dicho de otra forma, la separación pone en marcha el mecanismo del estrés que, mantenido en el tiempo, resulta tóxico para el cerebro en desarrollo del bebé. Nils Bergman afirma que «el bebé debe pasar la mayor parte del tiempo en los brazos de su madre para recibir el beneficio completo de su ambiente sensorial tal como se experimenta a través de nuestra evolución«.

La separación también afecta de forma profunda a la conducta materna, ya que impide la segregación de oxitocina, la hormona que facilita esta conducta y que se segrega en mayor cantidad en contacto con el bebé, impidiendo así la sincronía.

Según Nils Bergman, la madre «oxitocina«:

  • está más sincronizada con su bebé,
  • se muestra más sensible a las necesidades del bebé
  • se siente recompensada cuando cubre sus necesidades
  • siente compasión y empatía hacia el bebé
  • lleva a cabo una conducta de cuidado del bebé instintiva
  • por lo que el cuidado del bebé se convierte para ella en fácil y natural

En cambio, la madre que está más tiempo separada de su bebé, segrega más cortisol, enemigo natural de la oxitocina, de manera que:

  • muestra una conducta más intrusiva en relación a las necesidades del bebé
  • puede ser capaz de ignorar al bebé cuando llora y mostrarse distante
  • se deja llevar más fácilmente por el estrés cuando el bebé llora
  • responde con ansiedad y preocupación en el cuidado del bebé
  • muestra una conducta de cuidado del bebé antes intelectual que no instintiva,
  • cuidar al bebé le resulta más difícil

Así ¿me he de sentir culpable si necesito separarme de mi bebé?

Que los bebés pasen horas separados de las madres es habitual en nuestra sociedad. Que sea habitual no quiere decir que sea sano ni deseable. Es fruto de una sociedad que ha olvidado lo importante que es el cuidado de la pequeña infancia y ha puesto por delante otros intereses. Con esta realidad lo que pretendo es poner en evidencia que los bebés tienen unas necesidades absolutamente justificadas que debemos cubrir, en la medida de nuestras posibilidades.

No es objetivo de este post (ni mío en particular) juzgar a nadie en ningún caso. El objetivo es proporcionar información sobre las necesidades de los bebés y de las madres en esta etapa y que después cada uno traslade a su realidad lo que pueda o quiera. Todas las madres quieren lo mejor para sus bebés, pero muchas hemos tenido la sensación en alguna ocasión de que en medio de la maternidad nos perdíamos a nosotras mismas.

Las madres no podemos criar en soledad, necesitamos apoyo y que nos cuiden. Sostener sola durante todo el día una criatura, o dos, o tres o cuatro puede ser desquiciante. Si a esto le añadimos la circunstancia personal que pueda tener cada una, es fácil que resulte insostenible para cualquiera.

Pueden haber tantas circunstancias como madres hay, así que si necesitas separarte unas horas de tu bebé para recuperar la calma, para descansar, porque tienes que trabajar o por lo que sea, debes saber que cuando vuelvas el bebé te estará esperando, no querrá separarse de ti ni un momento y requerirá que le compenses. Y esta es una respuesta normal y natural.

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Quizás te preguntas por qué no hablo del padre. El padre puede y debe vincularse con el bebé pero no puede ocupar el lugar de la madre, sino más bien complementarlo. En el blog puedes encontrar un post en el que te cuento como se vincula el padre con el bebé y todo lo que puede hacer para cuidarlo sin interferir en la exogestació.


Como compensar la separación?

Tienes muchas herramientas a tu alcance fáciles y económicas que te permiten compensar la separación así como también llevar a cabo una crianza en brazos más respetuosa con la exogestación:

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  • El colecho asegura el contacto constante, facilita la lactancia materna y hace que el bebé duerma más tranquilo.
  • El porteo ergonómico aporta los mismos beneficios del colecho pero además facilita cierta autonomía a la persona que portea al bebé, ya que deja los brazos libres para realizar actividades, por lo tanto contribuye a una vida social activa de la madre o el padre.
  • La lactancia materna es una herramienta de vínculo en sí misma, siempre y cuando no sea dolorosa. Es un momento de disfrute mutuo que requiere su espacio.
  • Hacer piel con piel siempre que nos apetezca.
  • Las caricias, las miradas, los besos, las palabras bonitas… todo vale para demostrar que se le ha echado de menos y se le quiere. Recuerda que tú eres su principal fuente de estímulos.

Con la maduración y el paso del tiempo irá «entendiendo» que aunque te vayas, siempre vuelves y que vuelves contenta y con ganas de pasar tiempo con ella o él. Aquí también tienes ideas para compensar la separación.


Me gustaría trasladarte que no estás sola: somos muchas las madres que hemos pasado por aquí y podemos entender tus sentimientos. No hace falta ser la mejor madre del mundo, sino como decía Winnicot, «una madre suficientemente buena«. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos y no llegamos a todo. Tolera cierta ambivalencia, cierta frustración,… pero si no puedes con todo, si te sientes superada, pide ayuda.

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PARA SABER MÁS:

Nils Bergman: «Restaurando el paradigma original» https://www.youtube.com/watch?v=-Hs2jdalaVQ

Referencias:

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