Las expectativas sobre el parto: ¿qué son y cómo nos influyen?

Un día sentía la conversación entre dos mujeres que habían dado a luz de forma diferente no tanto por el·lecció sino por casualidad: una tuvo un parto muy intervenido pero sentía que había sido muy bien atendida y que el parto había ido muy bien, la otra tuvo un parto poco intervenido pero había sentido que no la atendieron bien y que no había disfrutado de su parto. Ambas tenían visiones objetivamente equivocadas, si tenemos en cuenta lo que dice la evidencia científica y la OMS, sin embargo subjetivamente legítimas. Entonces me pregunté: ¿de qué manera la información que tenemos influye en las expectativas y en la experiencia de parto?

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Cuando las expectativas no se ven cumplidas sentimos decepción, frustración y rabia. Esto puede desencadenar muchas problemáticas emocionales que enturbian el puerperio y el posparto, afectando potencialmente áreas como el vínculo con el bebé, la autoimagen como madre y el funcionamiento de la familia y la pareja.

En este post hablaremos de qué son, como nos afectan en la vivencia del parto y qué papel juegan las expectativas propias y del acompañante.

El tema da mucho más de sí de lo que a priori parece así que este será el primero de una serie de posts dedicados a las expectativas en los que iremos viendo cómo se forman estas expectativas a lo largo de nuestra vida, qué podemos hacer para ajustarlas, cuáles suelen ser nuestras expectativas respecto el parto comparando algunos estudios,… de manera que podamos llegar a unas conclusiones operativas sobre qué podemos hacer como usuarias para ajustar nuestras expectativas y cómo nos pueden ayudar a las profesionales sanitarias en esta tarea.

Más adelante, también hablaré sobre qué ocurre cuando las expectativas no se ven cumplidas o, en el peor de los casos, cuando la vivencia es totalmente contraria a lo que esperábamos.

Aviso para navegantes: Estos posts no pretenden culpabilizar a las madres sobre los partos que hayan tenido ni tampoco demonizar las intervenciones en el parto. Cuando las intervenciones son realmente necesarias salvan vidas y esto no lo discutiré. Lo que intento poner de relieve es el exceso de intervencionismo innecesario que causa más daños que no beneficios (daños invisibles y visibles) y de lo que las usuarias menudo somos víctimas y cómplices, conscientes o no. Es aquí donde debemos sentirnos responsables tanto usuarias como sanitarias.

¿Qué son las expectativas?

Una expectativa es una previsión de lo que es más probable que suceda y por tanto la anticipación cognitiva, emocional y conductual de este hecho. Puede ser individual o colectiva, basada en una simple creencia, en la intuición, en el análisis racional del escenario presente o en la probabilidad. Cuando las expectativas no se cumplen, se habla de decepción.

Podemos definir las expectativas del parto como lo que las madres esperan que suceda en relación al parto. Según Jort y Ramírez (2009), estas expectativas se centran básicamente en la integridad física y emocional tanto de la madre como de su bebé. Constatan que las madres han imaginado de alguna manera cómo quieren que sea su parto y que las experiencias previas juegan un papel importante en estas expectativas.

Tenemos la creencia de que no podemos elegir las intervenciones a las que seremos sometidas en la atención de nuestros partos, que tenemos que hacer caso de todo, dejarnos hacer y que no depende para nada de nosotras. Y no es cierto. En realidad es deseable que la mujer participe de las decisiones y sienta que lleva las riendas de su propio proceso de parto. Pero como sociedad estamos muy lejos de conseguir llegar a este objetivo.

No hay que olvidar que en cualquier caso las expectativas no son más que creencias, ilusiones totalmente subjetivas que no necesariamente se verán cumplidas. De hecho, muchas expectativas son incompletas: muchas mujeres se imaginan entrando con contracciones en el hospital y automáticamente se imaginan con el bebé… ¿Es mejor entonces no tener expectativas? Seguramente no. Las expectativas juegan un papel importante a la hora de prepararnos para lo que vendrá, así que lo más adecuado es formarnos unas expectativas ajustadas a nuestras características personales, a nuestras necesidades, a lo que el entorno nos puede ofrecer y lo más flexibles posible.

¿Cómo afectan las expectativas a la experiencia de parto?

Es de esperar que las mujeres que ven cumplidas sus expectativas respecto a su parto se sentirán más satisfechas que las mujeres que no ven cumplidas estas expectativas. Hodnett (2002) dice que la percepción del dolor y el alivio del mismo con las técnicas escogidas para la mujer son variables que inciden en la valoración de la experiencia de parto. Este autor afirma que las expectativas influirán en la experiencia de parto, así como el nivel de preparación, las complicaciones del mismo y el grado de dolor experimentado.

El nivel de preparación depende de ti, ya que puedes y debes contrastar lo que aprendes en el curso de preparación al parto. Los hay que son muy útiles y hay que tienden a hacer de las mujeres unas «buenas pacientes». Sobre las complicaciones, hay que se pueden evitar si no caemos en la cascada de intervenciones. En cuanto al grado de dolor, también depende de la idea previa que tengas sobre cómo debe ser doloroso un parte y por tanto, de el miedo que le tengas. Es posible aumentar el umbral de dolor con la sugestión (si te interesa, te recomiendo el Método NACES). Y las expectativas las puedes ir adaptando con información veraz y acompañamiento emocional.

Según Jort (2016), el alivio insuficiente del dolor, los sentimientos de pérdida de control, la falta de información o de explicación y la incertidumbre pueden abrir paso a un trastorno de estrés postraumático. Así, es muy importante que la mujer reciba información sobre los métodos de alivio del dolor que están a su alcance, Contra el peso de los profesionales, para que ella pueda determinar qué métodos desea utilizar y dónde desea dar a luz. Esto requiere tiempo, no son decisiones que se puedan tomar entre contracciones. Por eso es tan importante preparar con tiempo un plan de parto.

Es muy importante que la mujer pueda decidir los métodos para aliviar el dolor y donde quiere dar a luz. Por eso es tan importante preparar con tiempo un plan de parto.

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Smulders i Croon (2009) aconsejan a las futuras madres: Debe estar preparada para aceptar la situación en caso de que no vaya como usted esperaba«. Pero también puntualizan que «Lo esencial en cualquier caso es creer que se llevan las riendas». Es decir, es importante sentir que se tiene cierto control sobre la situación, que se participa activamente en la toma de decisiones dado que tienen que ver con el propio cuerpo, pero hay que estar preparadas para otros escenarios.

Las expectativas del acompañante también son importantes

Desde hace ya años se reconoce el papel que juega el padre, pareja o acompañante de apoyo físico y emocional más apropiado para la madre, siempre que ella lo sienta también así . Además, existe evidencia científica que indica la importancia del apoyo emocional a los padres o acompañantes durante el proceso del parto. No olvidemos que ellos o ellas también llevan su «mochila» y tienen unas expectativas propias sobre cómo debe ser un parto… Estas expectativas influirán sobre las de la madre, tanto en lo positivo como en lo negativo, es por ello que recomiendo que el camino de aprendizaje y de información durante el embarazo lo hagáis juntos.

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Por otra parte, a menudo no saben qué se espera de ellos ni cómo pueden ayudar en el momento del parto. Muchos se sienten perdidos y la actitud de sanitarias y sanitarios les hace sentir que estorban más que ayudar. En este contexto es fácil que un acompañante asuma un papel pasivo en el parto. Ni se le acompaña, ni se le asesora ni se le apodera para que sea el acompañante que necesita la mujer.

¿Quién es el responsable? En un estudio de Molina y Román (2014), las mujeres atribuyen a los padres la responsabilidad última de su propia pasividad. Si bien es cierto que culturalmente el hombre ha tenido un papel pasivo en el parto, hemos visto que la pareja desempeña un papel muy importante en cuanto al acompañamiento emocional de la madre. Así pues, mi conclusión es que hay que concienciar a las parejas de su importante papel, responsabilizarlos de su propia actuación como acompañantes pero sobre todo darles las herramientas para hacerlo. Empoderar a la pareja o acompañante también es empoderar a la madre.

Si quieres que te asesore con tus expectativas sobre el parto, si quieres orientación, que te acompañe en la elaboración de tu plan de parto o probar la maravillosa experiencia de Método NACES, no dudes en ponerte en contacto conmigo.

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