¿Por qué es tan importante el establecimiento de un vínculo de apego seguro?

Piensa un momento… ¿Cómo te sentirías si cuando lo necesitas nadie te sostiene emocionalmente? ¿Cómo influiría esto en tu autoimagen y autoestima? ¿Cómo reaccionarías ante aquellos que esperabas que te hicieran lado cuando los necesitabas?

Ahora imagina que quien no ha respondido a tus necesidades eran tus padres y tú, un bebé o niño o niña pequeña no tenías ninguna otra herramienta, ni emocional ni cognitiva, para responder, para autorregularte…

Quizás ahora te haces una ligera idea de la importancia que tiene el establecimiento de un vínculo de apego seguro entre el bebé y sus padres. Concretamente, el vínculo de apego determina los mecanismos de regulación emocional, determina un estilo para relacionarse que se mantiene a lo largo de la vida y por último, es un factor de protección contra las experiencias adversas de la vida. El tipo de vínculo que establece un niño o niña con sus padres afecta directamente a su salud mental a lo largo de su vida.

Es decir, una persona que se ha criado en un entorno emocionalmente seguro y aferrado a mamá y papá aprende a regular mejor sus emociones, se relaciona de una manera más equilibrada con las personas de su entorno y se enfrenta a las situaciones difíciles y estresantes de la vida con más herramientas emocionales… Es lo que cualquier madre o padre desea para sus hijos, no?

Pero para que esto sea posible, al principio es necesario que el bebé dependa totalmente de sus padres y otras personas significativas para que desarrolle una indepedencia sana cuando le corresponda evolutivamente.

En otro post, ya hablé del significado del concepto de vínculo de apego seguro y su implicación en la maduración emocional de nuestros niños y niñas.

Ahora ponemos la mirada sobre el porqué es importante crear este vínculo de apego seguro desde el nacimiento y qué elementos facilitadores y no facilitadores encontramos en nuestro entorno, como la lactancia materna, a la que dedicaremos un post aparte.


Vínculo después del nacimiento

El ser humano es el mamífero que nace más dependiente e inmaduro. Sólo puede respirar por sí mismo y llorar para pedir protección, calor y alimento. El alimento lo recibe del pecho de la madre, el calor también mientras es amamantado y mientras es llevado en brazos. Tener alimento y calor le harán sentirse seguro y querido. Desarrollar una relación de vínculo con un adulto que lo pueda proteger es una cuestión de supervivencia para nuestra especie. Sin embargo, no podemos vivir sólo de protección, calor y alimento; las personas necesitamos sentirnos queridas, sentir que somos dignos de ser amados sin condiciones. Este sentimiento tan sano se desarrolla a través de un vínculo de apego seguro.

Cuando la madre tiene en brazos al bebé contribuye a regular sus funciones y ritmos biológicos básicos:

  • ritmo cardíaco
  • tensión arterial
  • ciclos de sueño y vigilia
  • temperatura
  • respiración
  • química cerebral (adrenalina, oxitocina…)
  • estado anímico

¿Qué te parece? Y eso sólo teniendo en brazos al bebé, muy cerca y en contacto… Siempre y cuando la persona que sostiene en brazos al bebé se sienta bien y lo disfrute. ¿Conoces alguna otra herramienta tan potente para proteger la salud mental de las nuevas generaciones?

Según Nils Bergman, «lo peor que le puede pasar a un bebé es que lo separen de la madre» porque «todo lo que hace y no hace un bebé no tiene sentido si no lo entendemos desde el cuerpo de la madre»: «el cuerpo de la madre es su hábitat natural».


La sensibilidad materna

¿Cómo soporta la madre esta dependencia extrema? Gracias al estado de fusión emocional que vive con el bebé en el puerperio. Según dice Michel Odent, «implicarse en la responsabilidad íntima de amar es crucial para el desarrollo óptimo del bebé«. La labilidad emocional típica del posparto es la base sobre la que se establecerá el vínculo madre-hijo y tiene una base neurohormonal, por tanto no es un trastorno.

Así, después del nacimiento, las madres desarrollamos un estado de sensibilidad materna, caracterizado por una reactividad emocional aumentada, una atención centrada en el bebé y la interpretación adecuada de sus señales y necesidades. Este estado hipersensible a menudo puede ser malentendido por las personas de nuestro entorno que pueden no comprender que nos dedicamos tanto al bebé, o que el queramos proteger de todo y de todos sin motivo aparente. Sin embargo, esta hiperreactividad y sensibilidad emocional en este periodo es el terreno que posibilita que la madre se ponga en la piel del bebé y se dé la vinculación madre-hijo que asegurará su supervivencia.

Este estado es el que provoca que no queramos que nadie coja el bebé o que se lo lleven. Es natural y deseable que así sea, que queramos estar con el bebé y protegerlo. Preguntad a las leonas qué les parecería que alguien tocara sus crías, si os atrevéis… En este sentido, la pareja debe procurar ser un escudo protector en esta incipiente relación y saber que su papel es importantísimo para protegerlos de comentarios y visitas que actúen más como una interferencia y no como una ayuda.

Quizá este estado no aparece justo después del nacimiento. Es normal que después del parto la madre viva unos momentos de «shock» o de confusión… Acaba de «partirse en dos personas»: su hijo y ella deben asumir una nueva realidad. Esto ha pasado EN su cuerpo y es lógico que sea una vivencia extraña para muchas mujeres, sobre todo cuando el parto ha sido muy intervenido… Si no has sentido ese «amor a primera vista» de lo que algunas mujeres hablan, no tienes que sentirte mal. El parto es una experiencia que hay que integrar y el vínculo se construye a través del contacto. Y para integrarlo nada mejor que hablar y hablar y hablar de él… tantas veces como necesites.

Es necesario que madre y bebé se miren a los ojos, se sientan la voz, se huelan y estén piel con piel el máximo de tiempo posible para facilitar la química cerebral del vínculo. Por este motivo es tan importante no interferir demasiado en el parto y realizar piel con piel durante al menos las primeras dos horas después del nacimiento y siempre que se tenga la oportunidad y os apetezca durante la primera infancia.

Pueden realizar el piel con piel tanto la madre como el padre, pero es recomendable que las primeras horas de vida lo realice preferentemente la madre, incluso en caso de cesárea, para facilitar el bienestar emocional y neuroquímico del bebé y de la madre, facilitar el establecimiento del vínculo y el inicio correcto de la lactancia materna.


Factores facilitadores y enemigos del vínculo

Así, ¿qué podemos hacer para facilitar el vínculo de apego seguro?

Hay un montón de cosas que podemos hacer para facilitar la creación del vínculo de apego seguro. No son recetas mágicas que se pueden hacer un día y olvidarlas, sino que deben formar parte de la rutina, de nuestro día a día con el bebé. Muchas de ellas deberían venir de serie o se pueden trabajar durante el embarazo para mejorar lo que el niño o niña encontrará cuando nazca. Si tomamos conciencia antes del embarazo y podemos corregir algunos aspectos, ya sería «de traca«:

  • factores facilitadores: embarazo sano, conexión con el bebé durante el embarazo, parto respetado, piel con piel siempre que se pueda (no sólo después del parto), lactancia materna, entorno respetuoso con la díada madre-bebé, buena relación de pareja, buena relación con la familia extensa (no intrusivos, respetuosos con las decisiones…), colecho, porteo , situación socio-económica segura y estable, grupo de preparación al parto, grupo de apoyo a la maternidad y ser accesibles y responsivos con las necesidades que expresa el bebé.
  • factores no facilitadores o enemigos del vínculo madre-bebé: estrés durante el embarazo, pérdidas perinatales previas, depresión preparto, prematuridad, separación durante el parto, parto traumático, mala relación con la pareja, dificultades para lactar, entorno no respetuoso con las necesidades del bebé y de la madre (díada) (pareja, entorno sanitario, entorno familiar y social), depresión post-parto, no responder con inmediatez las necesidades del bebé, situación socio-económica insegura / inestable ...

Cuando no sale todo como esperábamos…

¿Quiere decir esto que si no cumplo con los facilitadores y tienes un montón de factores no facilitadores no será un niño o niña seguro mi hijo o hija?

Evidentemente no.

Los factores de riesgo y los facilitadores deben interpretarse como probabilidades, no como leyes. Sirven para situarnos y tomar conciencia de lo que podemos mejorar o cambiar para facilitar la creación del vínculo de apego seguro. Si las cosas no salen como queremos y se escapan a nuestra voluntad, también hay cosas que podemos hacer para compensarlo, que serían justamente las que figuran en la lista de factores facilitadores.


Y el padre, ¿qué?

El papel del padre es también importante en el establecimiento del vínculo de apego seguro, y por eso le he querido dedicar un post específico que podréis leer en breve.


En resumen…

Quiero acabar con la idea básica de que el vínculo de apego seguro no es otra cosa más que AMOR: el mayor, puro y inimaginable hasta que nos convertimos en madres y padres. Vale la pena saber lo que implica y darle el valor que le corresponde. Niños más seguros emocionalmente serán adultos más justos, maduros y felices.

Es una buena herencia y un gran deseo.

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