¿Por qué puede costar tanto la lactancia materna?

Si es un acto natural,…

Si es lo que espera el bebé al nacer…

Si sólo tiene beneficios para la madre y el bebé

Si es tan cómodo y sencillo…

Si es tan económico…

por qué el 60% de las madres no sigue después de los tres primeros meses?

Algunos datos:

  • más del 80% de las embarazadas quieren dar el pecho.
  • más del 80% lo hace, pero a los tres meses sólo sigue un 30%…
  • A los 6 meses sólo da pecho un 14%…
  • ¿Cuál es el porcentaje al año? ¿Y a los 2 años?

En una encuesta que realicé el verano de 2015 vía Google y sobre la población de Terrassa y alrededores, los resultados fueron los siguientes:

  • El 14,3% no hizo lactancia materna. Por lo tanto, el 85,7% lo intentó.
  • prácticamente un 20% abandona en los primeros 3 meses.
  • Un 26% no llega a 6 meses.
  • Sin embargo, sólo un 9,8% afirma seguir después del año.

Los datos concuerdan.

La OMS recomienda que la lactancia materna sea el alimento exclusivo de los bebés los 6 primeros meses de vida, y que continúe complementándose con otros alimentos al menos hasta los dos años de vida. A partir de aquí, hasta que madre e hijo quieran.

Si no has sido madre todavía, pregúntate:

  • ¿Te has planteado cómo alimentarás a tu hijo cuando nazca?
  • ¿Qué significa y qué implica dar pecho para ti?
  • ¿Piensas que te sentirás apoyada por tu entorno?
  • ¿Sabes cómo se hace? ¿Hay mujeres a tu alrededor que han dado pecho y tu lo has podido ver?

Los motivos más comunes que vierten al fracaso muchas lactancias son:

  • la falta de referentes: llegamos a la maternidad sin mucha experiencia con bebés y sin haber visto mamar. Para nosotras, amamantar no es instintivo, necesitamos aprender. Afortunadamente, para los bebés sí es un acto instintivo y lo saben hacer, siempre y cuando confiemos en sus capacidades y no interfiramos…
  • la cultura del biberón en nuestro entorno: las campañas publicitarias de leche artificial han hecho creer a mucha gente que es igual o mejor que la leche materna. La leche materna es un tejido vivo que nada tiene que ver con la leche artificial. Está a nuestro alcance en caso de que la lactancia materna no sea posible, pero la leche materna debería ser la primera opción.
  • Sociedad patriarcal y hipersexualizada: el pecho de la mujer es por encima de todo el órgano que permite amamantar, pero se ve como una provocación que una mujer amamante en público. Es lógico que muchas mujeres hayamos sentido cierto pudor a la hora de dar el pecho en público, cuando de hecho lo que hacemos es alimentar a nuestro hijo. Ni más ni menos.
  • protocolos hospitalarios desfasados: hoy en día todavía hay protocolos de atención al parto que dificultan el inicio de la lactancia, no respetando la primera hora del bebé.
  • profesionales sanitarios desinformados: A menudo los propios profesionales en que confiamos tienen una ínfima formación en lactancia, basada en creencias y mitos y no en la evidencia científica. Sin embargo, soy consciente de que muchos y muchas profesionales del ámbito sanitario están haciendo un gran esfuerzo para formarse y es de agradecer, ya que son los primeros a los que recurrimos para solucionar las dificultades. Una intervención deficiente puede dañar una lactancia en cuestión de días.

Todos estos motivos no los encontramos de forma aislada sino que interfieren conjuntamente en la decisión de la madre de dar o no pecho al bebé. porque dar pecho es una decisión. Una decisión que puede nacer de la evidencia de haber visto las amigas dar pecho, de haber visto los animales cercanos amamantar a sus crías, del sentimiento maternal de querer ser la principal protectora del bebé y saber que lo que él necesita es su madre.

Cuando se decide no dar pecho

No es objeto de este texto juzgar a nadie. Cada uno toma sus decisiones en función de la información que tiene, su situación, las expectativas, sus necesidades y sus miedos. Sin embargo, a menudo se toma la decisión de no amamantar por falta de información, exceso de mitos y desinformación. La cuestión importante aquí, desde mi punto de vista, es tomar la decisión sin tener en cuenta al mayor interesado: el bebé.

La decisión de no dar nunca pecho o de dejar de darlo puede venir de tener asimilados una serie de mitos en torno a la lactancia que pertenecen a la cultura del biberón (como «se me caerán los pechos»), una necesidad de ser independiente y no querer que alguien nos necesite 24 horas al día, seguir siendo la mujer activa y trabajadora de siempre y que los demás esperan que no cambie, etc. Y es que adaptarse a la maternidad puede ser difícil…

También pueden existir otros motivos de fuerza mayor que hacen que una mujer se vea obligada a dejar de amamantar, pero lo hubiera hecho de gusto en otra situación, como les pasa por ejemplo a muchas mujeres autónomas. La falta de apoyo del entorno (pareja, familia, amigos, trabajo) hacen el resto. La legislación no protege mucho la maternidad, menos la lactancia.

Otros motivos tienen sus raíces en el fondo de nuestra alma y hacen que el hecho de pensar en un niño en nuestro pecho nos produzca un malestar inexplicable.

El abandono de la lactancia

Finalmente, también nos podemos encontrar una serie de problemas que nos hacen inviable la lactancia por más que lo deseemos. Y es que nos podemos encontrar que la lactancia haga daño en el cuerpo y en el alma. Porque hay madres que lo deseen fervientemente, que lo prueban todo, pero que finalmente abandonan rendidas… A estas madres les diré que tienen toda nuestra admiración, que son unas valientes que lo han luchado, pero que lo primero que necesita el bebé es que la madre esté bien: todo lo descansada que pueda de cuerpo pero también de mente, serena y abierta al aprendizaje. Sana en todos los aspectos. Quizás después podremos recuperar la lactancia con relactació, o tal vez no, pero esto ya es otra historia.

La lactancia materna debe ser placentera para madre e hij@. Es cierto que hasta que llega a ser placentero pueden pasar una serie de vicisitudes a superar que pueden ser más o menos molestas, pero lo normal es que todo vaya bien. Cuando no es así, es necesario buscar ayuda para solucionar los problemas y / o cambiar el chip porque puede que estén interfiriendo los motivos a los que hacía referencia antes.

A pesar de todo, hay muchas cosas que tú puedes hacer desde el embarazo para facilitar que la lactancia de tu bebé sea placentero y funcione bien, como la naturaleza ha establecido que debe ser.

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