¿Eres «multitarea» o tienes exceso de carga mental?


Que lo sepas. Nos han metido un gol por la escuadra con el mito de la mujer «multitarea».

A las puertas del 8 de marzo, no puedo dejar de escribir lo que he pensado sobre este tema porque viene a poner en duda muchos mitos que tenemos inculcados desde el patriarcado de lo que debe ser la feminidad y la maternidad.

Nos han hecho creer que las mujeres tenemos el súper poder de hacer bien más de dos cosas a la vez y que los hombres, pobrecitos, no pueden. Es curioso que este extraño fenómeno sólo les pasa a muchos de ellos en el contexto del hogar y todo lo que lo rodea pero en su trabajo son la mar de eficientes.

«¡Oh, mujer! ¿Por qué te pones así? ¡Yo no soy capaz de hacer dos cosas a la vez y hacerlas tan bien como tú!»

Jugada maestra: no se esfuerzan y además no es su culpa no ser tan buenos como nosotras… Para algo que se nos da bien de forma natural, no? Micromachismo de libro. Y sí, ya sé que NOTALLMEN y tal, pero ¿verdad que te suena la canción?

Qué maldita suerte, la nuestra…

¿Es una suerte? No. ¿Es una desgracia? Tampoco.

Es que nosotras tampoco somos multitarea.

«Quien mucho abarca poco aprieta» dice un refrán castellano, y es verdad. La sensación de no llegar del todo a nada nos persigue día a día provocando un estado de angustia constante que no nos deja vivir tranquilas. Porque si no lo hacemos nosotras, parece ser que no lo hará nadie. Porque si no lo hacemos nosotras, nadie lo hará bien.

Menuda milonga…

En este post hablaremos del mito de la mujer multitarea, de las madres perfectas, de expectativas sociales, de lo que supone quejarse y de lo que podemos hacer al respecto.


Nos han metido un gol con el rollo de la mujer «multitarea»

Un gol por la escuadra en tiempo de descuento.

Que sí, que podemos hacer más cosas a la vez aparte de respirar, pero esto no puede ser motivo para asumir todo tipo de tareas y además hacerlas con la mejor de nuestras sonrisas.

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Recientemente un estudio ha venido a desterrar este estereotipo que tanto daño nos hace: no, las mujeres no somos más multitarea que los hombres, sino iguales.

Ellos también son capaces de hacer más de dos cosas a la vez (aparte de respirar, claro) y nadie les ha colgado la etiqueta de hombres «multitarea». Lo que pasa es que hemos aprendido que o lo hacemos nosotras, o no lo hace nadie. Pero este aprendizaje no tiene nada que ver con el hecho de tener vagina y pechos, sino de la imagen cultural inculcada de «superwoman» a la que aspiramos de manera inconsciente.

En el fondo, se trata de un conflicto de roles que tenemos con nosotras mismas y que nos produce infelicidad, insatisfacción y altos niveles de ansiedad.

  • Hay que ser una mujer de éxito en el trabajo, eficaz y eficiente, en constante formación.
  • Una mujer atractiva y que cuida de su imagen desde los dedos de los pies hasta la punta de la perfecta melena,
  • Una mujer activa sexualmente y que vive su sexualidad de manera plena (concepto también discutible y susceptible a las expectativas sociales)
  • Una buena madre para sus hijos e hijas, paciente y respetuosa, incluyendo manualidades de todo tipo, fiestas de cumpleaños perfectas, saber hacer disfraces y diseñar dietas totalmente equilibradas,
  • Una perfecta gestora del hogar (por no decir ama de casa)
  • Una mujer inteligente, al día de las noticias, con ideas políticas claras e interesada por las últimas novedades culturales… Y si además estás implicada en una ONG ya eres la mejor de las joyas.

¡Me estreso sólo de pensarlo! Muchos roles enfrentados y pocas horas del día…


El mejor de mis esfuerzos…

Hace un tiempo leí una frase en Instagram que me hizo pensar mucho. La frase decía algo así como: «No soy la mejor madre del mundo, pero cada día hago el mejor de mis esfuerzos…»

El caso es que he llegado a la conclusión de que yo no hago el mejor de mis esfuerzos todos los días. Hay algunos días que sí, que se alinean los astros y me llega la energía para muchas cosas. Pero la mayoría de días la energía oscila entre momentos enérgicos y otros de bajada. Si tengo que hacer el mejor de mis esfuerzos todos los días, creo que voy a caer agotada antes del mediodía…

¡Hacer el mejor de mis esfuerzos sería agotador! Y agotada no puedo dar ni el 50% de mí misma… Agotada me pongo de muy mal humor, mi paciencia brilla por su ausencia y ni te hablo de mi creatividad para pensar la cena…

Mi realidad es que…

  • No puedo ser paciente todo el tiempo,
  • No puedo ser respetuosa todo el tiempo,
  • no puedo ser amable todo el tiempo,
  • no puedo ser simpática y habladora en todo momento y con todo el mundo,
  • no puedo cuidar de la dieta de mi familia en todas las comidas,
  • no puedo cuidarme todos los días como me gustaría,
  • no puedo pensar con claridad todo el día,
  • no puedo tener en cuenta las necesidades de los demás todo el tiempo,...

…y no es que no quiera, es que no puedo.

¿Quiero decir con esto que debemos limitarnos? No! Da lo mejor de ti misma, sin embargo si das un 80% de lo mejor de ti misma está más que bien! Si das el 100% no llegarás a darlo más de 2 días seguidos…

Lo que quiero decir que es debemos dosificarnos, haciendo balance de las prioridades, de lo que puede esperar a un mejor momento sin sentirnos culpables y de perdonarnos si no llegamos al 100% de lo que imaginamos que deberíamos ser. En definitiva, lo que propongo es que debemos’adaptar nuestras expectativas a una realidad de 24h / dia en las que también hay que dormir, entre otras cosas.

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Yo tampoco soy la mejor madre del mundo, ni lo pretendo. Ni pretendo dar lecciones a nadie sobre cómo ser la mejor madre, porque no lo soy y porque el concepto «mejor madre» será diferente para cada una. Pero cada una lo imagina desde el amor a sus hijos, y eso es bueno.


Expectativas propias o expectativas sociales

Hace poco oí otra frase que también me tocó que dice algo así como «no estoy aquí para cumplir tus expectativas sino las mías» y creo que lo clava. Mi expectativa es más o menos llegar "viva" al final del día. Esto implica dosificar mi energía y, si puedo dar entre el 70 y el 80% de mi esfuerzo, me doy por satisfecha.

Otro refrán divertido es el de «quien hace todo lo que puede no está obligado a hacer más». Yo diría que quien hace el 70-80% de lo que puede no está obligado a hacer más, que ya es mucho. Si lo doy todo, no quedará nada para mí. Y a ver, somos generosas pero no idiotas…

Explico esto porque compruebo a diario que las mujeres sufrimos mucho estrés debido a las expectativas que la sociedad pone sobre nosotros y que, de manera inconsciente, nosotras mismas las amplificamos cuando hacemos gala de ser las mejores madres del mundo, exponernos como ejemplo a seguir y mostrar sólo nuestra mejor cara. En definitiva, lo que se llama «postureo».

Quizás nos haríamos un favor unas a otras si contáramos que hemos hecho tal o cual hazaña, sí, pero que nos ha costado mucho esfuerzo y que hemos sacrificado otras cosas también importantes a las que ya les llegará el turno. La cara B nos hace humanas y cercanas y nadie debe juzgarnos por eso.


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¿Qué tal si nos dosificamos?

Con la maternidad descubrí que no podía con todo, que el tiempo se escurría entre mis dedos como si fuera arena… Y me sentía muy frustrada porque no podía ser la persona que había sido hasta entonces. Nadie me había explicado esta cara B y quizá por eso me resultó aún más difícil. Los inputs que había tenido era que los bebés comían y dormían. Hasta que aprendí a manejar mi nuevo tiempo, pasó cierto tiempo, valga la redundancia.

Lo que quiero decir es que en la vida a veces los roles cambian el porcentaje de uso de nuestra energía: cuando no tenemos hijos podemos ocuparnos de unas facetas diferentes que cuando sí tenemos hijos pequeños. De igual forma, nuestros roles se alternan de manera diferente si estos son bebés recién nacidos que si tienen 8 años o 16 o 25… Por eso tener hijos es una crisis vital brutal, porque nuestros roles se vuelven locos y con ellos toda nuestra identidad. Y eso que parece evidente es el quid de la cuestión.


Quejarse está mal visto

Sí. Quejarse está muy mal visto. Es muy mal aceptado por la gente de nuestro entorno. Fíjate que cada vez que te quejas, alguien quiere solucionarte la vida con alguna sugerencia o riñéndote en el peor de los casos.

Pero a veces sienta muy bien quejarse a gusto… más que nada porque somos conscientes de que no podemos cambiar aquello por lo que nos quejamos pero nos produce malestar y necesitamos expresarlo. En otras ocasiones, si no cambiamos lo que nos molesta será porque tenemos nuestros motivos ...

En cualquier caso, pienso que sería bueno avisar que nos quejamos porque lo necesitamos pero que no queremos soluciones. Y es que seguramente las soluciones ya las sabemos, pero por el motivo que sea no las queremos llevar a cabo, o simplemente no las hay.

Eso sí: tienes que estar alerta porque según el caso quizá la mejor solución no se te ocurre a ti. Sé receptiva y asertiva. Pondera el consejo y si no te gusta puedes decir un simple "Gracias, pensaré en ello".


Y ahora llegan los consejos, que puedes seguir o no: dosifícate y pide ayuda.

La multiplicidad de tareas sólo conlleva estrés, ansiedad y en última instancia depresión por claudicación.

Dosifícate: piensa en tus propias expectativas, en cuáles de tus roles necesitan ahora más espacio y dale vacaciones a los otros. Pide a los implicados que lo entiendan y si no es así, dales vacaciones a ellos también. O con la puerta en las narices, tú misma. Piensa en el porcentaje de energía que necesita cada rol y en el porcentaje de energía que estás dispuesta a poner en cada uno de ellos. Esto sólo lo puedes decidir tú.

Pide ayuda: a tu alrededor, que entiendan que no puedes con todo, que las cosas han cambiado, ellos (la familia extensa va incluida aquí) también tienen nuevos roles y que tú también tienes muchas necesidades que tienes que poder cubrir por el bien de tu salud física y mental. Parece mentira, sin embargo ¡no sale de ellos porque nadie se lo ha dicho! Te lo puedes creer?

Pide ayuda a una profesional (hola, ¿como estás?), si te sientes tan sobrepasada que no sabes ni por dónde empezar, o no quieres llegar a estar sobrepasada pero lo ves venir. Y busca una tribu, un grupo de madres donde poder expresar todas tus inquietudes. Te sorprenderá ver lo que te puede aportar un grupo de perfectas desconocidas que pasan por lo mismo que tú. Es mágico.


Puedes conseguir que tus roles hagan un acuerdo amistoso o sigan peleados amargándote la vida. Si estás bien puedes dar la mejor de tus sonrisas sin que te cueste el mayor de tus esfuerzos.

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