Nadie nos prepara para el posparto…

El posparto es aquella etapa que sigue el nacimiento del hijo o hija y que puede durar mucho más allá de las seis semanas del rigor. En general nos preparamos mucho para el parto pero nadie nos prepara para el posparto. Nuestra vida da un giro de 180 grados de un día para otro cuando nos convertimos en padres por primera vez. Yo misma pensé «¿por qué nadie me había avisado que esto sería tan duro?»Posteriormente he oído otras madres que tenían la misma opinión.


¿Qué ha pasado? Ha nacido un bebé… pero también ha nacido una madre.

También nace un padre, pero el shock es mucho más fuerte en el caso de las mujeres por razones obvias: nuestro cuerpo sufre un cambio brutal en cuestión de horas, probablemente debemos recuperarnos de puntos por desgarro o episiotomía, o de una cesárea… La subida de la leche puede ser dolorosa y el inicio de la lactancia difícil (no necesariamente). Debemos asumir que somos padres… uf!! ¡¡Qué torrente de emociones!!

Si todo ha ido bien, tenemos un bebé precioso que hemos esperado durante nueve meses y que ahora está en nuestros brazos. Los primeros días del posparto solemos pasarlos en el hospital, donde recibimos atenciones, nos hacen la comida y pasan algunas visitas a conocer el nuevo miembro de la familia. Son días que las madres pueden vivir con una mezcla de entusiasmo y alegría, ambivalencia, incredulidad… una especie de nube donde nos dejamos cuidar, donde deberíamos recibir cuidados y atenciones adecuadas a nuestras demandas, donde podemos aprender del personal sanitario los cuidados básicos del bebé.


Después volvemos a casa… Y aquí sí empieza la aventura de la maternidad / paternidad.

Nos podemos encontrar que tenemos un bebé "tranquilo" que duerme, come, duerme, come… lo que pensábamos a priori que sería un bebé. Pero tengo que decir que no es tan habitual. Es más habitual que los bebés lloren, duerman menos de lo que pensábamos, ensucien mucho y no nos dejen hacer nada más que tenerlos en brazos…


¿Cuál es el panorama de una familia común en el posparto?

Por un lado, tenemos un bebé demandante (que probablemente sea normal) que puede sufrir de cólicos (también normal) y que quiera estar en brazos todo el día (altamente probable).

Por otro lado tenemos una madre que todavía está dolorida del parto, que quizás tiene doloridos los pechos con el inicio de la lactancia (¡ep! La lactancia no debería hacer daño), que quizás está sola porque el padre ya ha vuelto al trabajo y que tal vez creía que los bebés sólo duermen y comen.

El triángulo lo cierra el padre, que si ya ha vuelto a su normalidad, quizás no entiende por qué su mujer está tan cambiada, irascible, no tiene tiempo de nada, … Y tampoco sabe muy bien cómo ayudar ni qué se espera de él. Si no es el primer hijo o hija, hay otros hermanos y / o hermanas que tienen necesidades a cubrir, que querrán vincularse con el bebé pero que también reclamarán de una forma u otra su espacio.

Alrededor del triángulo tenemos la familia, (abuelas, abuelos, tías, tíos ..) que quieren ayudar pero que quizás no eligen la mejor manera.

También están los sanitarios: enfermera, comadrona, pediatra, grupo de lactancia si lo hay… Quizás sin querer (pero sin evitarlo) están dando mensajes contradictorios a la nueva madre…


¿Verdad que es para tirarse de los pelos?

Y es que no estamos hechas para criar en soledad. Necesitamos la tribu, aunque a veces nuestra tribu puede estar despistada… Y necesitamos certezas, pero no las tendremos o tendremos pocas.

La primera certeza en la maternidad y la crianza es que todo es incierto. No hay nada seguro, o fijo; hay cosas esperables, probables pero que nadie espere certezas matemáticas que no las encontrará. Y esto es un aprendizaje básico para proteger nuestra salud mental. Antes entendamos que hay que adaptarse a los cambios e imprevistos a la velocidad de la luz, antes nos adaptaremos a lo que significa ser madre y padre.

Otra certeza es que mientras antes conozcamos y nos adaptemos a las necesidades del bebé, antes podremos adelantarnos, cubrir adecuadamente y mantener nuestros nervios en un estado de alerta tranquila. Vivimos en una sociedad donde las necesidades de los niños son secundarias, y las de los bebés menos prioritarias aún. Queremos que se adapten rápidamente a nuestro mundo adulto para que interfieran lo menos posible en nuestra vida adulta que ya tenemos perfectamente controlada. Y la realidad es que un bebé pone nuestro mundo patas arriba: tanto el físico como el emocional.

El bebé humano, fruto de unos 200 millones de años de evolución, nace aún esperando ser recibido por los brazos y el pecho de la madre. Este es su hábitat natural, una vez ha abandonado el útero. Espera poder mamar en cualquier momento y sólo se siente seguro en contacto directo con la madre. Necesita saber que está seguro, caliente y con alimento, no muy diferente de cómo estaba en el útero materno. Entenderéis que dejar el spa del útero no es fácil para un bebé y que no puede adaptarse al mundo aéreo ni en 10 segundos ni en 10 días. Necesitará alrededor de 9 meses más para empezar a separarse de la madre y explorar el entorno (período que llamamos exogestación).


¿Como pueden encajar estas necesidades del bebé con las de la madre?

En el último siglo las mujeres hemos conseguido tener conciencia de género, hemos luchado mucho para que se nos reconozca como individuos independientes con una identidad propia y unas capacidades iguales a las de los hombres. Y cuando llega la maternidad, todo ello entra en crisis. De repente nos vemos recluidas en el hogar, el cuidado de los hijos, todo el día disponibles para el bebé… ¿Dónde queda la mujer que fuimos, independiente, con un rol profesional que nos había costado años conseguir? Esta sensación de pérdida de identidad puede darse o no, pero si aparece puede ser muy desesperante ver que crecen muy despacio los hijos y que no volvemos a ser las mismas.

¡Ep! otra certeza, amiga: no volverás a ser la que eras hasta ahora. Aunque no te lo parezca, ahora eres madre y eso quiere decir que eres una versión mejorada de ti misma. No lo verás enseguida, pero con un poco de tiempo te darás cuenta que no podrías volver a ser 100% la misma persona. Cambian las prioridades, los deseos, las necesidades, los sentimientos, la forma de gestionar el entorno… A los padres, en general, les cuesta más realizar estos cambios pero también los hacen. Necesitan tiempo y espacio para poder vincularse con el bebé y sincronizarse con él también, al igual que lo ha hecho la madre.

Volviendo a la madre y su estado en el posparto. Con este croquis de un posparto típico, se puede considerar normal que estemos con las lágrimas a flor de piel, muy sensibles… Además dormimos poco y eso también pasa factura. Un porcentaje muy alto de mujeres explican que los primeros días estaban tristes y contentas vez, un estado de labilidad emocional que se conoce como «baby blues». Se puede añadir un sentimiento de desencanto si el parto no ha ido como se esperaba y en casos extremos, un trastorno de estrés postraumático cuando el parto ha sido muy intervenido y la madre ha sufrido por su vida o la del bebé. Es importante tener esto en cuenta porque a menudo se atribuye a las hormonas el estado emocional de la madre, banalizando de esta forma unos síntomas que pueden indicar el principio de una depresión posparto, que es algo muy serio.


En el posparto la madre debe tener un apoyo adecuado y sensible a todas sus necesidades.

  • En el ámbito físico, hay que facilitar que pueda dormir cuando lo hace el bebé, aunque sea cabezadas. No se trata de enviarla a dormir y que otra persona le dé un biberón al bebé, a no ser que la madre haya decidido que no quiere dar pecho por el motivo que sea, o no pueda hacerlo por un motivo de peso. La falta de sueño es el primer facilitador de la aparición de la depresión posparto.
  • Si se hace lactancia materna, lo más fácil es dormir con el bebé muy cerca: el niño dormirá más profundamente y la madre también. Si la lactancia funciona bien y es placentera, el hecho de succionar la leche dormirá tanto a la madre como al niño, por lo que sólo hay que levantarse para cambiar los pañales (al principio hacen caca en cada toma) y cambiar de pecho. Si la madre tiene ratos de descanso, su humor será mejor y podrá afrontar los siguientes días, algo muy importante si ya se tienen otros hijos pequeños.
  • Si ha habido una episiotomía es necesario curar la herida bien. En el caso de la cesárea, la recuperación lleva más días, ya que es una intervención mayor y como tal tiene sus riesgos. En los últimos tiempos se ha tendido a banalizar la cesárea como la salida "fácil" cuando en realidad es una salida de emergencia y de fácil no tiene nada. Hay que cuidar mucho a la madre con cesárea porque el dolor de la herida se puede añadir el dolor de no haber tenido el parto que deseaba. En este sentido, a menudo se le dice a la madre con cesárea que no tiene que preocuparse, que al menos el niño y ella están bien. Pero no basta con ello. La madre puede tener que hacer frente a unos cuantos duelos relativos a la cesárea que no suelen ser acompañados como merecen.
  • La familia y amigos deben ser el apoyo que le ayuden trayendo una fiambrera con comida casera, el pan, productos frescos, recoger a los hijos o hijas mayores de la escuela y hacer compañía.
  • Absteneos de hacer comentarios y consejos que no os han pedido. La nueva madre necesita comprobar que ella es capaz de maternar adecuadamente a su propia manera. Y es verdad, como madre primeriza, necesita ir probando varias estrategias y trucos, irá aprendiendo sobre la marcha y saldrá airosa. Con el contacto constante, madre y bebé se sincronizan, por lo que la madre aprende a reconocer y adelantarse a las necesidades del bebé. Ella es la mejor madre del mundo para su hijo.

En MaternArt podemos ayudaros en la adaptación a la maternidad y paternidad con acompañamiento emocional de forma individual, o bien a través de un grupo de apoyo al posparto. Ponte en contacto para recibir información sin compromiso.

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