Quien diga que la crianza es fácil…

quien diga que la crianza es fácil, no sabe lo que dice ...

Hoy he dormido mal. El día de ayer fue un poco más trepidante de lo normal y estaba cansada pero algunas ideas me rondaban por la cabeza y no me dejaban conciliar el sueño. Resultado: tres horas de falta de sueño que determinan el estado emocional y cognitivo del día siguiente.

El caso es que si ya un día cualquiera la crianza es difícil, cuando llevas falta de sueño ni te cuento. Debo ser yo que no tengo el día, pero me ha parecido que los niños estaban especialmente difíciles hoy: He tenido que repetir al mayor mil veces que acabara de vestirse, al pequeño que no se mojara de pipí, al mayor que no hable tanto y desayune, al pequeño que se dé prisa con la leche, al mayor que se abroche la chaqueta, al pequeño que no se encante por la calle, al mayor que no "limpie" las paredes de la calle con la chaqueta, al pequeño que no me suelte la mano ni pise la maldita caca de perro que aparece misteriosamente en la ruta hacia la escuela ...

Sí, debo ser yo que tengo un mal día ... Porque ellos son niños y viven en un mundo paralelo a mi mundo de adultos, que es donde hay agenda, relojes, horarios, diez mil normas y gritos. Adultocentrismo, lo llaman.

No es fácil la crianza

Nos han enseñado desde pequeños que lo deseable era ser adulto y quisimos crecer rápido para ser mayores, para poder hacer lo que quisiéramos y ahora que lo somos, nos hemos convertido en esclavos del tiempo. Ya no nos acordamos de las ventajas del hecho de ser un niño ... Ahora repetimos el error con nuestros hijos.

Hoy cuando reñía a mi hijo por enésima vez, se ha girado con los ojos llorosos y me ha dicho "¡Parece que ya no me quieras!”. Se me ha helado la sangre y he conectado con los momentos de mi infancia. He frenado en seco. Le he dicho que siempre le querré pero que hoy estaba cansada y me enfadaba con facilidad, que no era su culpa pero que necesitaba que estuviera un poco más atento a lo que hacía. Se ha calmado, le he pedido disculpas y nos hemos dado un beso y un abrazo. Todo ha ido mejor.

Tengo que confesar que deseaba ser madre, que era algo que quería hacer en la vida, pero cuando llegó nuestro primer hijo, me costó adaptarme a la nueva vida. Pasé de tener las 24 horas del día tiempo para mí, a que un pequeño bebé dispusiera de todo mi tiempo y mi cuerpo sin que nadie me lo hubiera advertido. De ser totalmente autónoma a necesitar que alguien viniera a casa para poder ducharme ... Confieso que había días en que quería salir corriendo, un rato al menos.

Confieso también que aún hay días que me pregunto cómo sería mi vida sin hijos. No creas que me arrepiento, no es eso, los adoro. No sería quien soy ni haría lo que hago sin ellos. No me arrepiento de haberlos tenido sino de no haber estado preparada para lo que supone la primera crianza. No disfruté de un verdadero acompañamiento, de aquellos que te dicen la verdad y no intentan esconderla o hacer ver que no pasa nada.

La buena noticia es que se aprende y se mejora. Como persona y como madre o padre.


Se puede vivir una crianza mucho más gozosa si se cumplen una serie de requisitos:

En primer lugar, es necesario aceptar que durante varios años tu tiempo y tus prioridades pasan a un segundo plano. Esto no quiere decir que desaparezcas, sino que te transformarás en una guerrera o un guerrero con la responsabilidad de cuidar y criar una criatura que no sabe ni sonarse la nariz.

Sí, ahora mismo esto será una prioridad absoluta durante sus primeros meses de vida y tus primeros meses como madre o padre (sí, tú también has "nacido"). Aceptarlo es un paso. Pero aceptarlo implica que ciertamente asumes con alegría que sus prioridades son las tuyas. Pero no te preocupes que en unos pocos meses ganarás algo de libertad.

En segundo lugar, negarse a aceptar que el control (durante unos meeeseees ...) lo tendrá el pequeño sólo hará que comportarte angustia. No podemos forzar a un bebé a no necesitar a sus padres, porque viene programado para pedir contacto constante ya que de lo contrario se sentiría en peligro; no podemos pedirle que coma más y menos a menudo porque tiene un estómago del tamaño de una moneda de dos euros; no podemos pedirle que no llore si tiene sueño o alguna molestia, porque no tiene otra manera de comunicarse ... Suena absurdo, ¿verdad? Pues en medio de la vorágine de los llantos, los pañales y los platos sucios de ayer, pedimos estas cosas. Cuando antes se acepte que nos necesita, antes recuperaremos cierta tranquilidad y el niño también lo hará.

Hay que tener en cuenta que los bebés reflejan el estado emocional de sus cuidadores principales porque son muy sensibles a nuestras emociones. Es un mecanismo adaptativo que les ayuda a detectar un entorno hostil y reclamar seguridad. De este modo, mientras más nerviosos nos ponemos porque no se duerme, más nervioso e irascible se vuelve el bebé. ¿Quién crees que tiene que romper el círculo vicioso? Los adultos, claro ...

Pero como no somos infalibles, es muy recomendable que nos haga el relevo otro adulto que esté más tranquilo, nosotros nos damos un espacio de tiempo para recuperar la serenidad y repetir como si de un mantra se tratara "Es un bebé, me necesita, no me manipula, no lo hace a propósito" las veces que sea necesario.

Vuelve a sonar absurdo, ¿verdad? Porque se trata de un mundo paralelo, el de los bebés, donde la única norma escrita es que para sobrevivir necesita estar cerca de la madre y del padre que le darán alimento, calor y seguridad.

La crianza necesariamente nos hará conectar con el niño y niña que fuimos nosotros. Y eso que parece romántico puede ser muy duro, en función de cómo haya sido nuestra infancia. Nos puede hacer juzgar duramente (con razón o sin) a nuestros padres y su manera de criarnos..

Asimismo, puede hacer que repitamos sus mismos esquemas tanto si son buenos como malos bajo el dogma "a mí me lo hicieron y no he salido tan mal”. Perdona, alguien capaz de repetir una situación injusta o cruel con su hijo, quizás debería valorarlo como mínimo.

Podemos hacer un esfuerzo por no conectar con nuestra niñez y negar la evidencia, pero esta decisión conllevará perder un tiempo precioso de una crianza más gozosa, y la oportunidad de romper un círculo vicioso de repeticiones de errores, de tener un vínculo más auténtico con nuestros hijos y de crecer como personas.

A medida que pasa el tiempo y van creciendo, se recupera cierta parcela de tiempo para una misma y para un mismo, vamos encontrando otras maneras de recordar que fuimos dos antes que tres (o cuatro), vamos recuperando centros de interés o descubrimos otros nuevos... Pero nosotros no volveremos a ser los que éramos nunca más.

Seremos una versión muy mejorada de nosotros mismos, más sabios, capaces de muchas más cosas de las que pensábamos, con mayor capacidad de adaptación, más empatía y si nos dejamos, más niños nuevamente.


Puedes contactar con Maternart por formar un grupo de crianza o sumarte a los que estén funcionando. Tener un espacio donde compartir vivencias con otras madres y padres es sanador.

Comparte en las Redes Sociales:

Dejar un comentario