Mi relato de lactancia

Este año 2021 el lema de la Semana Mundial de la lactancia materna es «Proteger la lactancia materna: una responsabilidad compartida». Es cierto que la lactancia es una responsabilidad que va mucho más allá de la responsabilidad de la madre. Sin el apoyo del entorno y de los profesionales de la salud, cualquier pequeño problema puede suponer el principio del fin de la lactancia con todo lo que ello conlleva.

Este lema me ha recordado la primera de mis dos lactancias. Fue bastante desastrosa… Y os la quiero explicar aquí para ilustrar cómo la falta de formación de los y las sanitarias, el apoyo basado en mitos, la falta de experiencia y de información veraz acabó con nuestra lactancia a los tres meses. La responsabilidad fue compartida, no tengo duda.

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Primero os contaré mi punto de partida, luego los primeros días después del parto y como continuamos hasta que no pude más. Finalmente os dejo algunos consejos a modo de «moraleja». Espero que te ayude en algo ver que ni todo es color de rosa, ni todo es tu responsabilidad.

Aviso que es larguito.

Prólogo: mi punto de partida

Yo había visto a mi madre amamantar a mis hermanos durante algunos meses, no era algo extraño pero que sucedía en intimidad.

Mi madre me amamantó poco tiempo porque yo, sobre los tres meses, presuntamente me quedaba con hambre y tuvo que pasarse al biberón. Ella fue víctima del mandato de los "diez minutos cada pecho, cada tres horas "y yo como bebé, también.

Durante mi infancia, vi a otras mujeres de mi familia amamantar y yo misma recuerdo haber jugado a amamantar a mis muñecos. Durante mi juventud, no recuerdo ver a mujeres amamantando en las plazas, parques o bares. El pecho se convierte en una parte del cuerpo sexualizada, que se exhibe o se esconde.

Durante el embarazo de mi primer hijo, sabía que daría pecho «si podía». Tenía asumido que a veces no se puede, pero no me había planteado ni cuánto tiempo lo daría ni cómo sería, aunque imaginaba que una vez volviera al trabajo acabaría.

En el curso de preparación al parto nos hablaron muy poco de lactancia, pero en lo que más insistieron es que se amamanta unas 8 o 10 veces al día y que debía ser a demanda (algo así como una condena), aunque si no podías o no querías amamantar no eres ni mejor ni peor madre. Un discurso un tanto contradictorio basado en el "ya te apañarás, y si no pues no pasa nada ".

Me leí "Un regalo para toda la vida" de Carlos González, lo que te recomiendo, y me quedé con algunas ideas, aunque no tuvieron sentido del todo hasta que no me encontré en medio del huracán.

Historia de mi primera lactancia

Brevemente, os cuento el nacimiento de mi hijo para ilustrar el comienzo de la lactancia. Me pongo de parto de forma espontánea. Todo va bien hasta que me ponen la epidural y el parto se ralentiza. Dilato hasta los 9 cm y, después de algunas horas, la ginecóloga me dice que mi bebé "podría estar sufriendo" y que es mejor hacer cesárea. Sobre este punto podría hablar largamente porque a posteriori pongo en duda muchos de los procedimientos que se llevaron a cabo.

Mi bebé nació por cesárea, lo que supuso que no pudiéramos hacer piel con piel y nos tuvieron separados más de cuatro horas. Mi marido hizo piel con piel con él y lo sostuvo mientras lloraba desesperado hasta que por fin me llevaron a la habitación, después de la recuperación. Se agarró al pecho y se tranquilizó.

El primer día de vida lo pasó muy adormilado y apenas mamaba, pero cuando lo hacía yo veía las estrellas. Las enfermeras intentaban despertarlo pero le duraba muy poco. Vino a visitarme una pediatra y me forzó a ponerme al niño en el pecho: “si no mama, no te subirá la leche "me dijo de mala manera. Cuando rompí a llorar (aún no lo había hecho y tenía muchos motivos por los que llorar en el día supuestamente más feliz de mi vida) me gritó "¡No llores!”. Me sentí inútil, culpable, inapropiada, estúpida…

La estancia en el hospital duró cuatro días. Durante los dos primeros me aparecieron grietas en los pezones porque mi hijo tenía frenillo lingual, pero yo no lo sabía. Las enfermeras de planta me decían cada una una cosa diferente: que no podía usarme de chupete, que le pusiera uno para poder "descansar" y para "protegerlo de la muerte súbita", que utiliza pezoneras y lanolina para curar las grietas ... En cuestión de cuatro días teníamos el pack completo: pecho, chupete, pezoneras y, como no, suplemento porque no mamaba suficiente leche y tenía cetosis…

Yo me había dado cuenta de que su lengua tenía forma de corazón y lo comenté con mi marido. Resulta que en la revisión con la pediatra, a la que yo no pude ir por mi convalecencia, ya vieron que el niño tenía frenillo pero decidieron no cortarlo y a mí nadie me dijo nada ... Al alta salimos con fecha para cortarlo: al día siguiente del alta tenía que volver al hospital para la intervención. Fantástico.

Como seguramente vais viendo, toda una cadena de pequeños errores fueron la base de un mal principio. ¡Seguimos.

Vamos a casa

Durante los cuatro días que estuve en el hospital no sentí la subida de leche. Esta apareció cuando nos dieron el alta, el primer día de estar en casa con una cesárea fresca aún y con todo el caos que supone. Me desperté con los pechos duros como piedras e hinchados como nunca. De repente había aumentado como tres tallas y el dolor me impedía incorporarme. No sabía qué hacer más que dar pecho al niño, pero esto era un suplicio por el dolor de las grietas, ponerme las pezoneras, preparar biberón ... Mi marido me ayudaba con toda la logística, pero psicológicamente me preguntaba cómo era posible que fuera tan difícil para mí. Nadie me había explicado qué hacer para disminuir la ingurgitación.

Además, en mi caso la subida de leche vino acompañada de vómitos y unas décimas de fiebre, justo cuando habían cortado el frenillo de mi bebé y parecía que hacía menos daño la lactancia.

Sobre los vómitos nadie me supo decir a qué se debían. La doctora de cabecera me recetó un jarabe para los vómitos pero me dijo que no podía dar el pecho mientras lo tomaba. Yo lo acepté encantada porque estaba destrozada y débil de tanto vomitar, y necesitaba un descanso para poder recuperarme. Después supe que el jarabe no sólo tiene un riesgo bajo durante la lactancia, sino que además es un galactogogo, es decir que se utiliza para aumentar la producción de leche ... Exacto, otro desastre.

En urgencias me dijeron que tenía que ser un "virus de quirófano", cosa que me alucinó porque pensaba que un quirófano era el lugar más aséptico del mundo. Años después lo comenté con una comadrona y me miró con cara de incredulidad: o sea, que me habían colado una explicación bastante surrealista, pero como viene de un médico de urgencias pues te la crees. En urgencias me enviaron a casa con dieta blanda y tira.

Así que me tienes recién parida por cesárea con una cicatriz de lado a lado en mi vientre, los pechos destrozados por las grietas y la ingurgitación, sin casi dormir, vomitando, débil por la dieta blanda y tomando medicación para el dolor y para los vómitos que además aumentaba la producción. Eso o que me pasara un camión de mercancías por encima era lo mismo. En estas circunstancias, bendito era el biberón ...

Cuando me recuperé de los vómitos, de las grietas y mejoró la recuperación de la cesárea, decidí que debía retomar la lactancia con más ganas porque sabía que era mucho mejor para mi bebé, además había estreñido con la leche artificial y lo veía pasarlo mal al evacuar. Tuvimos que darle una medicación para el estreñimiento. Me sentía culpable por fracasar con la lactancia, como podía ser tan cruel la naturaleza? No me lo explicaba ...

En este punto, tocaba la revisión de la primera semana (una semana intensa, ¿eh?). La enfermera era "muy amable" conmigo. No sonreía para nada y prácticamente me regañó porque el niño no había recuperado el peso de nacimiento. En medio del caos que estaba viviendo, me ordena que debo darle de mamar cada dos horas sí o si. ¿Cada dos horas? ¿Estás loca? ¿Qué haré, sólo dar de mamar? Que nos vería a las 48 horas a ver cómo iba de peso.

A estas alturas yo no había visto aún ni una asesora de lactancia (no sabía ni de su existencia) ni mucho menos una enfermera consultora de lactancia ... Más adelante me hablaron del grupo de lactancia de mi CAP, pero el horario no me iba demasiado bien y salir de casa me parecía aún un esfuerzo titánico, así que lo dejé para más adelante.

Cuando comentas con tus familiares que el bebé no gana suficiente peso, los comentarios que siguen tienen la mejor de las intenciones (que el bebé gane peso y tu te sientas mejor) pero van a la yugular de la lactancia ("Dale biberón que se crían igual de bien, contigo me pasó lo mismo, para qué sufrir, hay mujeres que no producen suficiente leche ... ") y tu te fías de las mujeres mayores que tú, porque han criado varios hijos y tú acabas de estrenarte. Y aunque has leído sobre esto, te fallan las fuerzas, dudas de ti y de tu capacidad para salir adelante y sólo quieres dormir y que te cuiden ...

Así que, a pesar del apoyo logístico, te ves obligada a continuar con el biberón mientras intentas estimular la lactancia con el sacaleches. Esto sin abandonar todavía las pezoneras porque tienes un miedo atroz a que vuelvan las grietas ...

Necesito apoyo…

El día que me decidí a ir al grupo de lactancia fue porque observaba que mi hijo tardaba muchísimo en mamar. Podía pasarse una hora pegado al pecho y dormirse. Para mí resultaba un problema porque me veía atada a un sillón o en el sofá todo el día sin hacer nada más que me resultara placentero. Salir a la calle era una especie de gincana porque tenía que llevarme todos los artefactos para dar de mamar. Si sacar el pecho en público me daba vergüenza, imagina si además tenía que ponerme pezoneras ... Por eso evitaba salir, y lo hacía sólo cuando el niño había terminado de mamar, había hecho caca y ya iba bien limpio y aseado. Tenían que alinearse los astros ... La verdad es que estas situaciones me provocaban bastante ansiedad porque todavía me consideraba torpe como para hacerlo en plena calle. Necesitaba calma e intimidad.

Volviendo al grupo de lactancia. Sólo puedo decir que el día que fui, el niño se pasó el rato durmiendo y no le pude dar de mamar. En otra ocasión, sí le pude dar de mamar en el grupo y fue como la seda. Me sentí un tanto estúpida, como derrochando un recurso que no necesitaba porque, mira por donde, ese día la toma fue maravillosamente bien. ¿Casualidad? Imagino que el hecho de sentirme escuchada fue suficiente para que me relajara un poco yo, y también mi bebé.

A partir de aquí, seguimos con lactancia mixta hasta los dos meses más o menos. Yo iba aumentando la producción y disminuyendo el suplemento despacio pero estaba obsesionada con el peso del niño porque aumentaba muy despacio. Te adelanto a que a día de hoy sigue siendo un niño delgado de diez años la mar de sano, pero en ese momento me preocupaba muchísimo como es lógico.

A los dos meses y medio aproximadamente, comenzó la «crisis de los tres meses», concepto que yo no conocía entonces, sólo veía que mi bebé lloraba más y además empezaba a rechazar el pecho. Las abuelas, con la mejor de las intenciones y por separado, me comentaban que le aumentara el suplemento si el niño se quedaba con hambre. Entre esto y la lentitud en la ganancia de peso, aumentaron mis dudas respecto a mi capacidad para alimentar a mi hijo. No me parecía justo que mi deseo de amamantar pasara por delante de las necesidades de mi hijo y decidí aumentar el suplemento. Esto condujo a un mayor rechazo del pecho, a disminuir la producción y, a los tres meses de vida, el abandono definitivo de la lactancia.

No pude más. Me sentía esclavizada por la teta, el biberón, el peso, los comentarios ... quería descansar, quería recuperar cierta independencia, llevarme el biberón y no pensar en nada más ... Mi marido me ayudó en lo que pudo y como pudo, porque él también era novato, y nunca se metió ni me presionó.

Epílogo

Una vez abandonada la lactancia me sentí liberada, ya podía disfrutar de mi bebé y de mi maternidad desde otro lugar. No hubo duelo, al menos al principio.

Poco tiempo después, mis amigas tuvieron bebés y la mayoría tuvo lactancias exitosas y sin demasiados problemas. Eso me extrañó y me indignó a partes iguales: ¿Cómo podía ser que a ellas les fuera bien y lo disfrutaran tanto cuando para mí había sido un suplicio? ¿Cómo podía ser que yo, que intento tenerlo todo bajo control y me había preparado me fuera tan mal la experiencia y acabara tan pronto? Aquí empezó mi duelo.

Sentía que había fracasado, que le había fallado a mi hijo y que me había fallado a mí misma, que quizás debería haber luchado más, informarme más,...

Algunas lactancias de mis amigas y sus hijos duraron años. Yo lo veía atónita y empecé a analizar qué podía haber ido mal en nuestra lactancia. Saqué mis propias conclusiones y me prometí que la próxima vez haría las cosas, al menos lo que estuviera en mi mano, de una forma diferente.

Con mi segundo hijo pude disfrutar de una lactancia exitosa que duró dos años y medio. Aprendí muchísimo y disfruté mucho. También hubo obstáculos y problemas, pero de otros tipos. La experiencia acumulada me empujó a emprender un nuevo camino a nivel profesional y aquí estoy: psicóloga perinatal y asesora de lactancia.

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"Moraleja"

Mi relato sucedió hace diez años pero a veces me llegan historias que me hacen pensar que nada ha cambiado. Depende del hospital, del interés que tengan en la lactancia ... Las y los sanitarios no reciben formación específica en lactancia a menos que la busquen por su cuenta, así que no partas de la base de que si son pediatras, enfermeras, auxiliares o ginecólogas sabrán solucionar tus problemas de lactancia.

  • Los primeros días es fácil verse sobrepasada. Pide ayuda experta de verdad. Y si algún comentario te rechina, busca otra profesional.
  • Tu madre, tu tía, tu amiga… pueden haber criado hijos pero pueden haber sido víctimas de los “ diez minutos cada pecho, cada tres horas” de hace muchos años pero que algunos pediatras aún recomiendan. Pueden tener duelos de lactancia no resueltos y de los que ni siquiera sean conscientes y condicionar vuestra lactancia con la mejor de las intenciones, no lo dudes, pero con el peor de los resultados.
  • El soporte emocional es fundamental, pero que te escuchen no es suficiente. Las personas de tu entorno tienen que ayudarte en la logística del hogar y de los hijos mayores para que puedas centrarte en disfrutar de la lactancia o bien solucionar los problemas. El soporte debe ir más allá del "tú puedes". En este sentido, los grupos de apoyo a la lactancia te pueden ayudar aunque tu lactancia sea fantástica. Siempre hay dudas, siempre hay algo que deseas preguntar… y puede que la asesora te pueda ayudar a resolverlo o que otras madres hayan pasado por lo que tú pasas ahora.
  • Infórmate, busca, pregunta… Hay muchos recursos que puedes utilizar. Comenzando por www.e-lactancia.org que te sirve de ayuda para saber si medicaciones y sustancias diversas son compatibles con la lactancia, y albalactanciamaterna.org/ donde encontrarás consejos y explicación a lo que te ocurre. No obstante, nada como el apoyo que te pueda dar una asesora, con quien puedas analizar tu caso particular y tus necesidades para encontrar juntas la manera de solucionar los problemas y dudas que aparecen con la lactancia.
  • Mi historia es una de tantas. Para nada significa que la lactancia tenga que ir mal, de hecho la mayoría van bien, pero no hay que minimizar los problemas de los inicios que pueden marcar toda la lactancia. Yo me he hecho cargo de mi responsabilidad en mi historia cuando he sabido cómo funciona la lactancia y el papel que en ella juegan los conocimientos previos, las ideas preconcebidas y mitos, el proceso de parto y el posparto. Pero también hago responsable a los servicios sanitarios que, desde mi punto de vista, ni me dieron la información suficiente, ni estaban formados lo necesario para acompañarme apropiadamente. Que la atención a la lactancia por parte de los y las sanitarias debe mejorar no es ningún secreto.
  • Para acabar, solo decirte que de verdad de verdad se puede disfrutar de la lactancia. Puede que no sea al principio, puede que debas esperar hasta superar la crisis de los tres meses, puede que debas aprender a disfrutar lo bueno que tiene a pesar de las vicisitudes… pero se disfruta y mucho.
  • Y si las dificultades pueden con vosotros, si decides que ya no puedes más, céntrate en lo que sí va bien, en las partes buenas de la maternidad. Si has hecho todo lo que estaba en tu mano o has llegado a tu límite, no tienes por qué sentirte culpable. Has hecho todo lo que has podido con los recursos que has tenido. Agotarse no es bueno, y menos durante el posparto. La crianza los primeros meses es muy exigente y hay que concienciarse de que en parte es así y en parte requiere el soporte del entorno. Las personas próximas a ti, empezando por tu pareja si la tienes, tienen que favorecer y comprender que el bebé quiere y necesita estar contigo, por lo tanto su ayuda debe ir en la dirección de liberarte de cualquier otra carga.
  • Pero eso no significa que debas renunciar a actividades placenteras. El posparto es un momento de crisis total, donde toda tu vida da un giro de 180 grados. Poder mantener ciertas actividades que te definen como persona y te resultan gratificantes te ayudará a mantener un estado de ánimo óptimo. Esto, poder dormir todo lo que puedas, comer cosas ricas y recibir mimos.

Te dejo un enlace a una entrada que escribí hace un tiempo con ideas para proteger vuestra lactancia y otro sobre el papel del padre o pareja en el follón que supone el posparto.

Y me gustará leer tus comentarios.

Deseo que vuestra lactancia esté mejor acompañada que la mía a todos los niveles. Y para cualquier duda o si necesitas apoyo, puedes contar conmigo.

¿Quieres compartir tu relato de parte, de lactancia…? Enviar me a info@maternart.cat y el publicaré! Puede ser de gran ayuda a otras madres y padres!

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