9 cosas que puedes hacer tú para proteger vuestra lactancia

La poca cultura de la lactancia que tenemos en nuestra sociedad hace que la conducta de amamantar se vea fácilmente amenazada por los juicios y desconocimiento de nuestro entorno.

Sin embargo, hay muchas cosas que tú puedes hacer para proteger vuestra lactancia (de tu hijo o hija y tuya) desde el embarazo. Es algo que sólo os incumbe a vosotr@s.

lactancia maternart Terrassa

1. Informarte durante el embarazo del funcionamiento de la lactancia materna.

Te toca investigar, leer, preguntar y visitar un grupo de apoyo a la lactancia donde encontrarás madres que están amamantando y que tienen o no dificultades habituales con la lactancia. Esto te servirá indudablemente para situarte en el tema y saber qué es lo normal cuando se hace lactancia materna.

Hemos perdido los referentes en relación con la lactancia materna. Es probable que tú no fueras amamantada con leche materna, o por lo menos que fueras amamantada poco tiempo. La presión del biberón era muy grande hace 30 o 40 años y nuestras madres no tenían el acceso a la información de la que nosotras disfrutamos. Esto hace que nos podamos informar fácilmente, pero también corremos el peligro de «infoxicado hacernos». En este punto es importante que encuentres referentes válidos y que te dejes acompañar por madres expertas en lactancia materna.

2. Contrastar la información que nos llegue de parte de los sanitarios.

Parece increíble pero hay enfermer@s, ginecólog@s y pediatras que no tienen formación específica en lactancia materna. Cada vez es mayor el número de sanitarios que se forman, afortunadamente. A pesar de ello, l@s hay que no tienen la formación apropiada ni los conocimientos suficientes y pueden estropear una lactancia que podría haber sido exitosa por esta falta de información en una sola visita…

Muchas hemos tenido que oír verdaderas barbaridades respecto a la lactancia de boca de nuestr@s sanitari@s. Por eso, desgraciadamente, es importantísimo haber leído sobre lactancia y saber a quién preguntar cuando aparecen dificultades.

3. Confiar en la capacidad de tus pechos y de tu bebé para hacer que funcione la lactancia

Los pechos son glándulas cuya función principal es producir leche para los bebés, igual que la función del estómago es digerir los alimentos y los riñones filtran la sangre y la limpian. Lo normal es que funcionen adecuadamente, como el resto de órganos de tu cuerpo. No es posible que un 60% de pechos no funcionen o dejen de funcionar los 3 meses de lactancia o produzcan agua… ¿no crees?

Los pechos, sin embargo, tienen su propio mecanismo. Este mecanismo se basa en la oferta y la demanda: mientras más mama el bebé, más leche produce el pecho. Pero no son una cisterna que se va llenando entre horas, no. Es cuando el bebé mama que «sube» la leche. Si no hay estímulo, no hay leche.

Y el bebé es el que mejor estimula el pecho, por eso es importante dejarlo que estimule el pezón para que el pecho produzca la leche que el bebé necesita. Confía, pues, en el instinto de tu bebé y en tus pechos.

4. En el puerperio descansa, descansa y descansa.

Ya sé que suena surrealista eso de descansar pero es necesario. Y no sólo para la lactancia: la falta de sueño puede facilitar una depresión posparto. Cuando tienes el primer hijo quizás es un poco más fácil eso de descansar porque no hay otros niños a los que llevar a la escuela puntualmente.

Cuando se trata del segundo o tercer hijo, descansar ya puede ser más complicado. Por eso es importante que al menos las primeras semanas del puerperio busques ayuda y que alguien se encargue de los niños, de la compra, de la limpieza, de las comidas, de la lavadora... Se entiende que con la nueva normativa de permiso de paternidad, este punto debería quedar bien asegurado.

Lo ideal sería que pudieras dormir cuando lo hace el bebé, aunque sea cabezadas. Esto te ayudará a tener más energía y mejor humor, sobre todo si la lactancia presenta dificultades. No tenemos la misma predisposición a resolverlas cuando estamos exhaustas, ¿verdad? Dar el pecho en la cama, estirada, puede ser una buena opción en las horas en que hacer una siesta te sea posible.

En este sentido, el colecho te permite amamantar sin casi despertarte y el porteo te permite amamantar mientras haces otras actividades. Son dos herramientas fantásticas que facilitan el buen funcionamiento de la lactancia materna.

5. No creas que porque tu madre / abuela / hermana / tía / prima «no tuvo leche», tú estás condenada a no tener.

Muchas mujeres creen que hay algo hereditario en el tema de la lactancia materna. Quizás sí, pero habría que estudiarlo aislando toooodas las interferencias culturales de nuestra sociedad durante varias generaciones…

No. Como decía antes, nosotras podemos acceder más fácilmente a información y soporte especializado si hay dificultades. Podemos demostrar que no hay ninguna maldición en los pechos de nuestra familia.

Tampoco te dejes intimidar por estos comentarios tipo «si yo no pude, quizás tú tampoco" o "¡Ay, qué sufrimiento! ¿Por qué no le das un biberón? Si se crían igual...». El duelo por las lactancias que no pudieron ser no se nombra, no se reconoce, pero puede hacer daño en otras lactancias de forma inconsciente.

6. Pide a tu pareja que te apoye en tus decisiones.

Puede que tu familia no entienda por qué te empeñas en amamantar, «si no hace falta». Si te encuentras en este contexto, es posible que a tu pareja le cueste también entenderlo. Sería genial que la pareja te haya acompañado en tu camino de aprendizaje de la lactancia materna para poder saber de qué habláis, qué implica y en qué te puede dar soporte. Si no, sin mala intención, puede interferir en la lactancia y hacerte dudar de tu capacidad para amamantar. Pídele que te acompañe a preparación al parto, al grupo de apoyo a la lactancia, a ver a la comadrona, la asesora o la IBCLC.

Como ya expliqué en un post dedicado al posparto, la pareja tiene que hacer de escudo protector ante comentarios y consejos indeseados, pero para poder hacerlo debe tener criterio y esto se consigue con información.

7. No hagas caso de los «mitos» que rodean a la lactancia.

Hay un montón de mitos en torno a la lactancia que interfieren y pueden terminar con una lactancia que podría haber sido exitosa. Muchos pueden parecer lógicos si no se conoce el mecanismo de la lactancia. Otras dependen del entorno cultural y cambian en función de este. Son ideas sin base científica ni contrastadas que perjudican enormemente, incluso cuando aún no ha comenzado la lactancia.

algunos son:

  • Que los pechos caen con la lactancia. Caen porque crecen con el embarazo, no con la lactancia. Cuando termina la lactancia recuperan, en la mano, la forma inicial.
  • Que la lactancia materna provoca osteoporosis en la menopausia.
  • Que es malo para la independencia de los hijos (como si los bebés tuvieran que ser independientes…)
  • Que es dolorosa (si duele, es que algo no va bien)
  • Que después de los seis meses, la leche no alimenta: La leche cambia en función de las necesidades nutricionales del bebé y también durante la misma toma! No es igual la leche del inicio de la toma que la del final.

Y muuuuchos más… Hay que desarrollar una especie de «radar anti-mitos» porque pueden venir de cualquier persona de nuestro entorno…

Además, sucede un fenómeno sociológico curioso con la lactancia, y es que todo el mundo es un experto, incluso cuando no han amamantado se permiten el lujo de aconsejarte: el camarero del bar, la asesora del banco, la panadera, el hermano soltero de tu amiga… En fin.

8. Si tienes dolor, ¡pide apoyo!

Amamantar es placentero. Aunque no lo creas. Es muuuuy placentero.

Al principio puede hacer un poco de daño cuando el bebé se pega por una cuestión hormonal. Si hay grietas, si duele durante la toma u otras dificultades, hay que pedir ayuda y apoyo especializado. Busca ayuda de una asesora de lactancia, de un grupo de apoyo, de una comadrona con formación específica de lactancia materna o de una IBCLC.

No tienes que sufrir innecesariamente. Hay que estudiar caso por caso cuál es la situación, proponer soluciones y dejar que la mujer decida en función de su situación y necesidades personales.

9. Haz un plan de parto donde consten tus deseos respecto a la lactancia materna.

Hay que decir, desgraciadamente, que a veces las interferencias en la lactancia comienzan con el mismo parto, por ejemplo, con una separación innecesaria entre madre y bebé después del parto, invitarte a usar un chupete o bien dar un biberón al bebé sin que tú lo sepas… Esto continúa pasando e implica poner en peligro la lactancia cuando todavía prácticamente ni ha podido empezar… Interferencias como estas se pueden evitar si haces constar en tu plan de parto tus preferencias al respecto. (Si no sabes qué es un plan de parto, lee este post)

La presión para amamantar tampoco es buena. El entorno hospitalario tiende a infantilizar las mujeres puérperas y presionar para que amamanten puede provocar precisamente el efecto contrario. Hace falta apoyo, acompañamiento y comprensión. Si la lactancia te está haciendo sufrir, pide ayuda.

Bibliografía recomendada:

  • Padró, A. (2017). Somos la leche. Dudas, consejos y falsos mitos sobre la lactancia. Barcelona: Grijalbo.
  • González, C. (2009) Un regalo para toda la vida. Guía de la lactancia materna. Madrid: Ediciones Planeta.
  • Olza, I. (2013) Lactivista. Santa Cruz de Tenerife: Ob Stare
  • Ministerio de Sanidad y consumo (2007) Estrategia de atención al parto normal en el Sistema Nacional de Salud. En http://www.mscbs.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/atencionParto.htm
  • Kitzinger, S. (1989). Cómo amamantar a tu bebé. Madrid: McGraw Hill.
  • Lactapp. Embarazo y lactancia. aplicación móvil.

Desde MaternArt nos ponemos a su disposición para ayudarle con los obstáculos que puedan surgir durante toda la etapa, desde el principio hasta el final, también y sobre todo a nivel psicológico. Podemos visitaros en el hospital en el posparto o en casa, si lo necesitáis. ¡Consulta sin compromiso!

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